Retrato de un país

88. Inspectora de Hacienda

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Inspectora de Hacienda

Isabel Martínez, 38 años

Seducida por el IVA

Por Cristina Galindo

Le llegó la vocación relativamente tarde. "Nadie sueña de niña con ser inspectora de Hacienda", bromea. Se dio cuenta de que lo suyo eran los impuestos en la Facultad de Económicas, en una clase del último año de carrera dedicada al IVA. "Ese profesor me impactó: el IVA es muy complicado y él lo hacía más fácil e interesante", cuenta esta funcionaria del Estado murciana, de 38 años.

Desde 2007 preside la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado. Mujeres como ella han contribuido a dejar atrás la imagen más tradicional y estereotipada de los inspectores fiscales: personas grises y encorbatadas cuya misión era perseguir a los ciudadanos. "Hemos cambiado mucho: somos más jóvenes y más mujeres". También ha cambiado el contribuyente: "Cada vez son menos los ciudadanos que justifican el fraude; hay una mayor conciencia fiscal". Aunque reconoce que algunos todavía miran al fisco con miedo. "Un contribuyente me dijo un día: 'Sois como los médicos: aunque vayamos para una revisión de rutina, siempre nos encontráis algo".

Isabel es una inspectora que pisa la calle: "Hay que visitar a las empresas para hacer un buen trabajo". Su misión es controlar a los contribuyentes con ingresos de hasta 15 millones de euros. Ahora ejerce en Murcia, en su tierra, pero ha vivido durante años en Barcelona y Madrid. No por eso trabaja menos. Tiene que gestionar a diario grandes cantidades de información (facturas, recursos, actas, expedientes.). "Cuando llego a casa, estoy tan agotada que me cuesta hacerme con un libro; prefiero el cine, la música y viajar. Y pasar mucho tiempo con mis sobrinos, que han sido todo un descubrimiento de ocio".

Si hay algún funcionario que note de forma especial los efectos de la crisis, ése es el inspector fiscal. Las triquiñuelas para retrasar el pago de impuestos o alargar al máximo las inspecciones para conseguir financiación para hacer frente a las deudas contraídas con Hacienda son mucho más habituales ahora. El trabajo se multiplica. Los expedientes se van acumulando. "Este trabajo es estresante, porque tenemos que cumplir con plazos muy rígidos si no queremos ver cómo prescribe un caso". Y, a veces, la inspectora se topa con la realidad más cruda: "Hace poco fui a visitar una empresa y me encontré con un edificio vacío y sin electricidad. Habían cerrado".

Fotografía de Leila Méndez

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