Retrato de un país

94. Jefe de departamento de limpieza urbana

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Jefe de departamento de limpieza urbana

Santiago Almonacid, 52 años

Caballero de la calle

Por Elvira Lindo

Santiago Almonacid es jefe de división del departamento de limpieza urbana en el Ayuntamiento de Madrid. Lo sabe todo de esta ciudad. Lleva mirando al suelo prácticamente toda su vida. Desde que empezó como barrendero en el barrio de Chamartín en el año 74. Ocho años que hoy recuerda con nostalgia: "La noche era muy dura, pero había un gran compañerismo y los vecinos te conocían, te llamaban por el nombre. A mí me encantaba baldear la calle, enganchabas la manguera a las bocas de riego y era una maravilla esa potencia del agua potable. Había más sosiego. Ahora la ciudad es distinta. La gente es mucho más susceptible, no son capaces de entender que estás trabajando y, a la mínima, ya te montan una bronca. Hay poca educación. Eso, si no te quitan la herramienta. Lo más difícil es el centro, claro. El ciudadano no es consciente de lo difícil que es mantener la ciudad limpia a diario, con el flujo de gente que hay a todas horas. Porque el centro de Madrid no duerme. Así que el trabajo entonces era más fácil. De todas formas, los sueldos de barrendero siempre fueron escasos. La mayoría estábamos pluriempleados. Ahora, algunos compañeros más jóvenes piensan que todo fue glamour, pero que va, yo he trabajado mañana y noche, de barrendero, de repartidor, en el matadero, para sacar a mis hijos adelante. Gracias a que mi mujer, Mari Luz, me hizo la vida muy fácil. A ella se lo debo todo. Había un dicho muy popular entre los de mi oficio: 'Por la puerta de un barrendero pasa el hambre, pero no entra'. O sea, que no llegábamos a pasar hambre, pero andábamos siempre escasísimos. No sé si con la crisis miro más la peseta. La verdad es que la he mirado siempre. Todo me ha costado mucho trabajo. Yo nunca tuve complejos por ser barrendero, había compañeros que hasta escondían el uniforme para que no se lo vieran los vecinos. Yo no, ¿por qué iba a hacerlo? Los barrenderos notamos la crisis en la calle, claro: hay un 15% de residuos menos. Los ciudadanos tiran menos muebles, aguantan más con los electrodomésticos viejos, hay más mendigos en la calle y más gente merodeando los mercadillos para llevarse comida".

Santiago es un hombre afable, dispuesto a compartir esa sabiduría urbana adquirida después de tantos años: "Reconozco que los barrenderos tenemos deformación profesional. Vamos por la calle y no se puede evitar ir fijándote en cómo está el panorama".

-Y ¿cómo está?

-Pues te diré una cosa, yo estuve hace poco en Roma y no podía creer el desastre que era aquello. Yo, a mi Madrid, qué quieres que te diga, le doy un 10.

Dicho esto, mi entrevistado me deja en la puerta de mi propio domicilio. Un caballero.

Fotografía de Javier Morán

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