Por Fernando J. Pérez
José Enrique Medina es una rara avis de la judicatura. Afiliado a Jueces para la Democracia, accedió a la magistratura en 2000, tras 22 años como abogado laboralista y profesor universitario. Es el recorrido inverso al de muchos jueces, que abandonan la judicatura para ganar 10 veces más en un despacho de abogados. "No me he arrepentido del cambio, pero el trabajo de juez es más ingrato que el de abogado. Como juez, siempre dejas descontenta a una de las partes".
La crisis ha disparado el trabajo en la jurisdicción laboral. "En cuatro meses he puesto más de 200 sentencias, la mayoría por despidos improcedentes en la construcción, la hostelería y el sector inmobiliario. Se ha duplicado el volumen de trabajo con respecto a antes de la crisis".
Medina está casado y tiene dos hijos, de 24 y 27 años. Es consciente de que, en su vida cotidiana, es "un privilegiado con un empleo estable y una retribución digna".
Fotografía de Leila Méndez
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