Retrato de un país

54. Monja

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Monja

Gertrudis Nin, 68 años

Hábitos del siglo XXI

Por Eugenia de la Torriente

Era una oficinista veinteañera cuando comprendió que ir a misa cada domingo no le bastaba. "Sentía el deseo de responder a un don recibido", así explica su decisión de hacerse monja. Un paso que, ya en la Barcelona de 1961, suscitó sorpresa e incomprensión. "Mis compañeros pensaban que era una vida inútil. Mi padre y mi hermana eran creyentes, pero aun así les costó al principio". Hoy, Gertrudis es la abadesa del monasterio de Sant Pere de les Puel.les (Barcelona). Una comunidad de benedictinas entre las más antiguas de Cataluña, con más de 1.000 años de funcionamiento. Entre sus 38 monjas hay una de 28 años, pero el resto está por encima de los 40 y cuatro superan los 90. Seis de ellas, en etapa de integración. "Últimamente hay un poco de movimiento. Es una realidad muy frágil, pero la miramos con esperanza".

Cada monja (el término con el que más se identifica, "aunque hoy parece tener connotación despectiva") recibe, si está jubilada, una pensión de unos 400 euros. Los ingresos se completan con trabajo de encuadernación y restauración de documentos y ornamentos. Su tiempo lo ocupan estas tareas, la hospedería y la plegaria litúrgica. Su comunidad cultiva la colaboración con los laicos y quiere estar informada. El silencio de las comidas sólo lo rompe una de las hermanas, que prepara y lee una selección de las noticias del día. Tienen web (www.benedictinescat.com), correo electrónico y utilizan Internet. Para hacer la compra, por ejemplo. Aunque no les hace falta ir lejos para conocer el dolor de este tiempo de turbulencias: algunos acuden a ellas en busca de consuelo. "Ojalá que ésta sea una oportunidad de cambio que nos lleve a unos valores más profundos, que nos enseñe a tener menos y ser más felices".

Fotografía de Caterina Barjau

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