Por Tereixa Constenla
En el mundo de Joaquín Alés Estrella (Valencia, 1981) no hay tiempo para ir al cine un jueves o tomar un café en el bar de la esquina a media mañana. Desde abril de 2005 vive sometido a un régimen cartujano, en el que cada jornada de estudio comienza a las 8.30 y acaba al filo de las 23.00 con medidos paréntesis para comer y descansar. Sólo se da tregua el domingo y la noche del sábado. "Pero sin trasnochar", aclara. Se obliga a rendir al máximo desde que se embarcó en la preparación de la oposición para acceder a la carrera diplomática.
El espíritu de Alés no ha decaído a pesar de sus tres intentonas fallidas y de la disminución de sus probabilidades de éxito este año. Por pura matemática y gracias a la crisis. Se han convocado 45 plazas, cinco menos que el año anterior. La recesión tendrá también un segundo impacto: "Al complicarse el mercado laboral, hay un efecto llamada hacia oposiciones como ésta o notaría". Opositores, dice, del "a ver qué sale". Aspirantes con poca opción de éxito teniendo en cuenta que se tarda entre tres y seis años en lograr la plaza en Asuntos Exteriores. Una carrera de largo recorrido y, provisionalmente, de renuncia al hedonismo.
Fotografía de Javier Morán
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