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76. Policía Investigadora

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Policía Investigadora

Isabel Rodríguez, 31 años

Frente al delincuente, más palabras que balas

Por Borja Vilaseca

El destino profesional de Isabel se escribió mucho antes de que ella naciera. Lo lleva impregnado en sus genes. Hija de un inspector jefe de Policía, desde pequeñita soñaba con atrapar a los malos para contribuir con su granito de arena a construir un mundo mejor. "Detuve a mi primera barbie con seis años", sonríe. Y, cada vez que jugaba con sus amigos a polis y cacos, ella tenía muy claro de qué bando estaba.

Como no podía ser de otra manera, se convirtió en policía. Lo suyo es vocación en estado puro. "No puedo evitarlo, mi trabajo es mi droga". Se considera "una defensora de las causas perdidas y una luchadora en contra de las injusticias". Y al decirlo se nota su fortaleza psicológica, su energía física y su visceralidad. "Soy una mujer de acción, me encanta sentir la adrenalina".

Se ha convertido en la primera mujer en entrar en el Grupo 4º de Crimen Organizado de la Jefatura Superior de Policía de Cataluña, tradicionalmente reservado para agentes con nombre masculino. Un equipo formado por especialistas en la investigación y la resolución de delitos violentos, como los atracos y los robos con agresión. Realizan todo tipo de infiltraciones y redadas secretas. Isabel ha notado un significativo aumento de intervenciones en los últimos meses. Entre otros casos, este grupo de elite se encarga de detener a miembros de diferentes clanes y mafias. Diariamente se enfrentan a criminales acostumbrados a disparar a bocajarro que no se amilanan ante nada. Aunque asegura que, como mujer, tiene que trabajar más duro que sus compañeros para demostrar su valía como policía, Isabel intenta no perder su feminidad. Con el tiempo, se ha hecho un hueco. Y se siente "querida y respetada". "Cuando pones tu vida en juego, necesitas confiar 100% en tus compañeros, y eso une muchísimo".

Uno de los momentos más gratificantes de su vida profesional se produjo cuando detuvo ella solita a un asesino holandés que estaba en búsqueda y captura por diferentes organismos internacionales. La hazaña tuvo lugar a las tantas de la madrugada, cuando localizó por casualidad al sospechoso en un cibercafé de Las Ramblas. Respiró hondo, entró con disimulo y terminó poniéndole las esposas. Isabel ya ha sido condecorada con la Cruz Blanca al Mérito Policial. Y lo ha conseguido sin necesidad de usar la pistola. "El policía inteligente utiliza más las palabras que las balas", asegura. Una vez estuvo hablando durante cinco horas con una mujer que amenazaba con saltar al vacío desde una cornisa a 20 metros de altura. "La psicología salva vidas".

Después de 11 años pateando las calles, Isabel ha desarrollado cierta empatía por los criminales. "Tengo muy claro que en los dos lados de la línea hay seres humanos y, por tanto, debemos esforzarnos por tratarlos como se merecen. No me gusta la violencia gratuita ni los excesos. Se ha de ser una persona muy honesta e íntegra para poder ser un buen policía; un cínico con uniforme puede ser muy peligroso". Por el camino, Isabel ha aprendido que "el egoísmo y la codicia corrompen el alma de las personas". Por lo visto, "en un 99% de los casos, el dinero y el poder son las motivaciones que inducen a cometer cualquier crimen".

A sus 31 años, reconoce haber recuperado "la ternura y la inocencia" de cuando era niña. Acaba de ser madre. El pequeño se llama Guillermo y tiene 10 meses. El padre de la criatura es oficial de Policía. "La maternidad me ha hecho darme cuenta de que la falta de miedo me ha puesto demasiadas veces en peligro; ahora, en frío, me lo pienso más antes de actuar".

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