Por Daniel Forasteros
Manuel ve Madrid desde una moto. Sale de su casa a las ocho de la mañana y no vuelve hasta medianoche. Tiene dos trabajos. Los dos motorizados. Parte de la jornada reparte paquetes, mensajes, cartas, memorandos. La otra, paellas, raciones de pulpo, pizzas. Los alimentos que distribuye Alacarta, la empresa para la que trabaja "en nocturno". Antes mantenía ese horario siete días a la semana, pero decidió, "debido al gran cansancio", darse algún fin de semana.
No siempre fue así. Licenciado en Derecho, trabajó en los tribunales hasta 2004. Pero eso fue en Venezuela, adonde su madre, canaria, emigró. Manuel regresó hace algunos años. Pero su título no sirve. "Así que tuve que ponerme a mantener a mi bebé de un año con lo que pudiera de la manera más honesta". Lo que pudo fue esto. Una tarea en la que también se nota la crisis. "Subes seis pisos andando y hay tipos que no te dan nada". Ha perdido 100 euros de propinas mensuales. Una fortuna para él. Pero es optimista, aguarda la convalidación de su título y recuerda que crisis, verdaderas crisis, son las que "le dejan a uno sin nada de comer". No es el caso. Al menos mientras su moto surque Madrid con platos calientes.
Fotografía de Óscar Carriquí
Subir