Retrato de un país

90. Taxista

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Taxista

Pilar Mediero, 43 años

La vida libre

Por Juan Cruz

Estudió Derecho. "Por mi padre". Pero se aburría mortalmente. Pilar Mediero, madrileña, se metió en todo lo que pudo. Ahora es taxista. Desde hace siete años. Fue agente artística (de la compañía flamenca de Blanca del Rey, "allí era chica para todo"), y fue dando tumbos, hasta que se hizo agente inmobiliaria, "antes del follón que ahora nos ha arrastrado a todos". Allí tenía "un jefe que era un cabrón con pintas", y se fue "muy quemada, con una depresión horrorosa después de sufrir un mobbing de tres mil pares".

Hizo trabajos muy mal pagados, hasta que llegó al taxi, más agradecido. Uno de sus amigos del taxi es un compañero de facultad, que le convenció para que se metiera en el oficio. "Trabajé para otro taxista, pero di el paso lógico luego: comprarme un taxi. 138.000 euros. Resultado: ahora la licencia es más del banco que mía".

Tiene churri, como ella dice; es amigo y amante, pero cada uno vive a lo suyo, hasta que se encuentran. Lee todo lo que le cae en las manos. "Soy lectora de todo, ¡hasta del prospecto de la medicina!". Ahora lee La elegancia del erizo, de Muriel Barbery. "Y tengo pendiente al Larsson, que tiene muy buena pinta". Escucha la radio, es una obsesa del medio. Tiene una máxima, que comparte con otros colegas: "El sector está cambiando; yo no escucho la COPE, no llevo jarapas en los asientos y no llevo un palillo en la boca. Ah, y pon ésta: sed buenos, y si no lo sois, contadlo para que nos divirtamos".

Fotografía de Javier Morán

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