Retrato de un país

87. Vendedor ambulante

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Vendedor ambulante

Gabriel Jiménez, 64 años

Con puesto fijo en el Rastro

Por M. Mar de las Heras

No tuvo la suerte de ir al colegio porque "no se llevaba". Lo ha aprendido todo en la calle, su mejor escuela y casi su casa. Gabriel Jiménez es vendedor ambulante desde los 12 años. Ahora, con 64, tiene puesto fijo en el Rastro. A este gitano de mirada intensa y piel ruda le gusta pensar que es conocido por la calidad de su género, pero la verdad es que destaca entre la multitud de un domingo cualquiera por su buen hacer con las clientas en la madrileña plaza del General Vara del Rey. Gabriel vende los restos sobrantes de las tiendas o cualquier cosa defectuosa y reconoce que su experiencia le deja respirar en malos tiempos. "Entre la crisis y los chinos, nos han matado". Con la regulación y la crisis nada es igual. "Antes ganaba 500 euros un domingo, ahora, con suerte, llego a los 100".

Asegura que no se jubila porque no le queda pensión y, como evangelista convencido, reclama la ayuda de Dios para seguir adelante. "Ahora estamos preparando la inauguración de la Iglesia de Dios camino al Padre", afirma entusiasmado. Y concluye: "Yo antes engañaba un poco, pero después de conocer a Cristo, mi vida cambió".

Fotografía de Javier Morán

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