Retrato de un país

20. Vendedora de cupones

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Vendedora de cupones

Irene Sampedro, 40 años

Luz interior

Por Rafael Fraguas

"Ahora sólo veo sombras". Habla Irene Sampedro, madrileña, nacida en 1968 en la avenida de la Reina Victoria. Es titular de un quiosco de venta de cupones de la Organización Nacional de Ciegos en el arranque de la calle de Narváez. Atildada, alegre y conversadora, Irene es ciega desde los 23 años a causa de un glaucoma. "Entonces no tenía remedio, hoy parece que sí".

Su vida discurre en torno a su puesto de venta de cupones. Llega en torno a las ocho de la mañana para abandonarlo a las dos de la tarde, cuando acude a comer a casa de sus padres, que también viven cerca de su casa. "La mía es un apartamento donde lo tengo todo a mano". A las cinco está de vuelta al trabajo. Concluye a las siete de la tarde. El quiosco es su observatorio especial. ¿Cómo es la gente de Madrid? "Muy solidaria. Pero aún puede perfeccionarse más el acondicionamiento de la ciudad a los discapacitados". Desde su atalaya, ¿confirma la existencia de la llamada crisis? "Confirmo que la gente va más deprisa, más acelerada y que tiene menos tiempo para el disfrute de la vida. Hay un miedo, diría que una especie de contención, como una obsesión colectiva. La gente teme verse en una situación extrema". En cuanto a la venta de cupones, asegura, "acaso ha disminuido un poquito, pero también la gente experimenta más con la suerte, para ver si el azar responde".

Irene también es contralto. Y navega por Internet. "Sólo hago cosas básicas en la Red, como emplear el correo electrónico o la lectura de diarios y cosas así". Dice que sólo ve sombras. Pero de su relato se percibe la luz interior de un ser que nunca ha dejado de luchar por ser feliz. Todo indica que, si aún no lo ha conseguido, sin duda lo logrará muy pronto.

Fotografía de Óscar Carriquí

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