Una ola de cambio

La pobreza, el hartazgo por el inmovilismo político y la falta de democracia han encendido la mecha de protestas sociales en el Magreb y Oriente Próximo. Primero cayó el presidente de Túnez, Ben Ali, y después el de Egipto, Hosni Mubarak, como consecuencia de una presión popular que, tras dos semanas de protestas, se volvió insoportable para el régimen.

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Jordania

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Mohamed VI
Abdala II
48 años
rey desde 1999. Hereda de su padre, Hussein.
Población 14-29 años:
31%
Renta per cápita:
2.730 euros
Paro:
13,4%
IDH:
82º de 169
Alfabetización:
89.9%
Musulmanes:
92% suníes y 2% otros

FOTO: AFP GAMAL NOMAN

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ÁNGELES ESPINOSA

Islamistas, izquierdistas y sindicalistas se han unido en Jordania para protestar contra la pobreza y la corrupción. Inspirados por los sucesos de Túnez, los jordanos organizaron sentadas y manifestaciones para reclamar mayores libertades políticas. “Queremos cambio”, decían. Pero a diferencia de lo ocurrido en otros países de la zona, su ira no se ha dirigido directamente contra el jefe del Estado, el rey Abdalá, sino contra su primer ministro, Samir Rifai. Esta situación se ha resuelto, con la decisión del monarca de remodelar el Gobierno para frenar las protestas.

Esa actitud tal vez tenga que ver con que el monarca, que no sólo reina sino también gobierna, ha tratado de introducir reformas que modernicen la economía y equilibren el peso de las ciudades y las zonas rurales. A diferencia de Túnez o Egipto, el Estado jordano lleva tiempo destinando importantes partidas del presupuesto al desarrollo de esas áreas más desfavorecidas.

El rápido anuncio de aumento de los salarios de los funcionarios y creación de nuevos empleos no ha logrado calmar los ánimos

Sin embargo, esos esfuerzos no han logrado evitar la peor crisis económica a la que Jordania ha hecho frente en décadas. De hecho, en las protestas se pide que se dé marcha atrás a la liberalización del mercado a la que se responsabiliza de haber agrandado las diferencias entre ricos y pobres. Según el Consejo Económico y Social de Jordania, una cuarta parte de sus 6,5 milllones de habitantes vive bajo el umbral de la pobreza. Para muchos manifestantes, la venta de activos del Estado a inversores extranjeros durante los últimos diez años ha enriquecido a la élite política y de negocios sin ayudar a los más desfavorecidos.

El rápido anuncio de reducciones en los precios de los productos básicos, aumento de los salarios de los funcionarios y creación de nuevos empleos, no ha logrado calmar los ánimos. Algunos también piden reformas constitucionales que recorten los poderes del rey, quien no sólo nombra a los ministros, sino que aprueba las leyes y puede disolver el Parlamento. Pero a la vez el programa de reformas políticas impulsado por el soberano ha encontrado gran oposición por parte de sectores conservadores que temen que den poder a los islamistas.

Esta situación se ha resuelto en los últimos días, con la decisión del monarca de remodelar el Gobierno para frenar las protestas

En el transfondo subyace el siempre delicado equilibrio en el origen de los jordanos. Los de ascendencia palestina (hasta el 60%, según estimaciones de la Embajada de EEUU reveladas por Wikileaks) son en general urbanos, con mayor nivel de formación y de vida. Los transjordanos (los habitantes originarios de la margen oriental del río Jordán que hoy se conoce como Jordania) constituyen el grueso de la población rural donde se concentran las bolsas de pobreza.

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