Arena y grupos de rock en una combinación divertida para el buen tiempo. Afrofusión o circo. Playas como La Barrosa o La Malagueta. Lou Reed, Diana Krall o Dianne Reeves. Ola Festival, Jazz en la Costa o Creamfields. Desde Almuñécar hasta El Ejido, Andalucía, tentaciones sin fin.
ELENA MEDEL
"Vacaciones de verano para mí, / caminando por la arena junto a ti". El grupo FórmulaV transformó este pareado en un estribillo que —si el lector completa la bucólica postal con un iPod— resume una golosa opción turística: la combinación de descanso, mar y cultura. Quienes deseen aliñar con algo de movimiento las horas de sol no errarán si se desplazan al sur: más allá de las optimistas afirmaciones de Raffaella Carrà, la costa andaluza se recorrería de festival en festival. Una oferta que abarca desde el teatro hasta el cine, sin olvidar la danza o las artes plásticas, pero entre las que la música triunfa por goleada. Melómanos, ármense con glosario, rastrillo, chanclas y protección solar.
AYAMONTE
Teñirse, por la mañana, con el oro de la arena. Cuando la tarde asome, y el reloj de casa indique café o regreso al puesto de trabajo, entregarse en la orilla al pescaíto. Ya de noche, en la plaza del pueblo, deleitarse con, por ejemplo, Beethoven: en Ayamonte es posible. Esta localidad onubense de la Costa de la Luz acoge en agosto un festival internacional de música clásica que este año 2008 celebrará su 26º aniversario. Con el próximo cartel todavía en preparación, las últimas ediciones testimonian su apuesta por conciliar los ganchos para sibaritas con el gusto popular, además de su tolerancia en cuanto a estilos musicales: el año pasado, sin ir más lejos, programaron —entre orquestas, filarmónicas y sopranos— a Carlos Núñez, Pitingo y Raphael.
La noche, está claro, se invertirá en la oferta del teatro Cardenio. ¿En qué ocupar, entonces, el día? Frente a Isla Canela, más orientada a un turismo con vocación de alter sun y voracidad urbanística, la playa de Punta del Moral es una opción para la tranquilidad: empeñada en mantener su aura marinera, no le sobra el adjetivo recoleta, pese a su anchura. Ambiente cercano y familiar, paisaje que ni en las canciones —Atlántico tranquilo, zonas verdes incluso—, los astros se unen y surge una propuesta diseñada para quienes huyen del estrés. La depresión posvacacional se atenuará si antes hemos aprovechado la situación geográfica de Ayamonte, y no nos perdemos la desembocadura del Guadiana ni la proximidad de Portugal, saltando también a las marismas de Isla Cristina o la Flecha de Nueva Umbría, en Lepe.
CHICLANA DE LA FRONTERA
Sin abandonar la Costa de la Luz, pero descendiendo aún más al sur, la propuesta gana en olas y bullicio. La gaditana Chiclana de la Frontera resultará inagotable hasta al viajero hiperactivo. Ofrece gastronomía (además del sempiterno pescaíto, que amenizará nuestra ruta por Andalucía, caten la butifarra y riéguenla con vino de la tierra), historia (el castillo de Sancti Petri, al que sólo se accede en barco y que oficialmente pertenece a San Fernando), arquitectura (iglesias, sí, pero también torres y palacios), fiestas en cadena y, por supuesto, ritmo. El Festival Internacional de Música Étnica de Chiclana de la Frontera se nos presenta como la versión costera de Etnosur; más que un festival, una fiesta de pueblo con timbales y cariocas.
Se celebra entre el 7 y el 12 de julio; el teatro Moderno acogerá, bajo el título Noche mágica del Mediterráneo, una jam session a cargo de Abdli (Argelia), Marcello Colasurdo (Italia) yMiguel España (España), para dar paso al concurso de grupos noveles Sin fronteras, a la afrofusión murciana de Lokolé y al angoleño Waldemar Bastos. No sólo música, sin embargo: también cine de lunes a miércoles, danza afrobrasileña el jueves, pasacalles y taller con el grupo colombiano Pa’loquesea, circo y mercado artesanal. Hasta el año pasado, algunas de sus actividades se celebraban en La Barrosa, una playa extensa y festiva con bandera azul, ambiente familiar y todas las características de la Costa de la Luz. Por aquello de buscar un souvenir diferente, no se marchen sin leer a Fernando Quiñones.
MÁLAGA
Junio y septiembre abren y cierran un paréntesis que encierra soniquetes pegajosos, letras cargadas de onomatopeyas, coreografías delirantes; sin embargo, existe vida más allá de las canciones del verano. El viento terral —seco, cálido— bautiza un oasis en la Costa del Sol; así, el malagueño teatro Cervantes acogerá, entre el 25 de junio y el 21 de julio, Terral 08, un festival que destaca por su eclecticismo. Aires celtas (Loreena McKennitt), jazz (Diana Krall, Madeleine Peyroux, Herbie Hancock) y soul (Erykah Badu, Macy Gray), además de concesiones a las radiofórmulas (James Blunt), para nacer y desembocar en los platos fuertes: inaugurarán The Magnetic Fields, exhibiendo su magistral y heterodoxa vuelta de tuerca al pop, y cerrarán con el Berlin de Lou Reed. Escuchar You and me and the moon o How do you think it feels evapora cualquier instinto playero o, precisamente por eso, lo potencia: la playa, albricias, a dos pasos. Urbana, eso sí: La Malagueta suena a clásico, y en un paseo breve y agradable desde el centro de Málaga nos topamos con el Mediterráneo y las toallas.
Aquí la arena, quizá en busca de sombra, quizá por su origen lejano, se oscurece; no abandonen la ciudad sin acercarse a los Baños del Carmen, un remanso de paz entre el rompeolas y los eucaliptos, en peligro de extinción frente al cemento. Y si la holgura del presupuesto y la inversión en entradas lo permite —entre 16 euros, las más asequibles de Peyroux, y 100 euros, las más caras de Reed—, no se conformen: abusen de la red de cercanías y disfruten de Torremolinos o Fuengirola.
ALMUÑÉCAR
De un teatro a un parque: el aire acondicionado cede su lugar a la luz de la luna. Almuñécar anuncia la celebración de Jazz en la Costa —21 ediciones lo contemplan— entre el 11 y 19 de julio. Abrirán con la estadounidense Dianne Reeves, ganadora de cuatro premios Grammy y en la nómina del sello Blue Note, y cerrarán con Terence Blanchard, trompetista alabado por Miles Davis y compositor de bandas sonoras para Spike Lee. Mientras tanto, un grupo afincado en Jerusalén y Nueva York (Avishai Cohen Trio), un pianista cubano (Roberto Fonseca) o delicatessens con aires pop, latinos y africanos. Los precios por concierto (12 euros) se declaran razonables, pero es que el abono peca de chollazo: 70 euros con un CD de regalo. Las actividades se desarrollan siempre a las 22.30 en el parque El Majuelo, un espacio que subraya el apelativo que la zona ha ganado, Costa Tropical; para confirmarlo, nada mejor que pasar el día en pedanía de La Herradura. Su paulatina masificación certifica las bondades de su arena gruesa, atrayendo a quienes desean algo más que tostarse al sol y remojar los pies de vez en cuando.
EL EJIDO
La calma sucede a la tormenta, y viceversa: una provincia más al este, y un mes después, dos opciones que atraerán al público más joven. Porque frente al turismo más tranquilo se erige uno que invita a exprimir la noche y estirar de sol a sol la siesta. El Ejido programa en dos semanas distintas, pero seguidas, dos festivales con la carne en el asador y las propuestas —excepto los cabezas de cartel, ya divulgadísimos— aún sin finiquitar. Así, Creamfields Andalucía reunirá el 9 de agosto a estrellas de la música electrónica, con The Chemical Brothers, Groove Armada o Thievery Corporation en la línea de fuego, y apenas una semana después, el viernes 15, el mismo recinto acogerá Ola Festival, un recién nacido que contará con Björk, Massive Attack, Editors, Goldfrapp, St. Etienne o Hercules & Love Affair, la penúltima sensación neoyorquina.
Danzad, benditos, al son de los ordenadores o al del pop de revista de tendencias. Amanecer en Guardias Viejas al ritmo de los pinchadiscos más renombrados no tiene precio, o eso certifican los lugares comunes: antes del 15 de julio, el abono para Creamfields sale por 60 euros, y el del Ola cuesta 65. La también conocida como Los Baños no es la mejor playa de la localidad (desplácense, para ello, a Almerimar Levante o Poniente), pero entre concierto y concierto, y antes o después, la cercanía de la orilla supone ventaja suficiente.
Cada oyente es un mundo; cada cita, más o menos, un continente. Añorarán, y más hallándonos en Andalucía, el flamenco: el mejor quejío, el más puro y profundo, se escucha al doblar la esquina; se improvisa en tabernas, patios de viviendas, bajo las sombrillas. Si Eva María —la chica de la maleta de piel— marcha en busca de un rayo de sol, si el final de su verano convierte el dolor del Dúo Dinámico en molestia pasajera, recuerden: la música amansa a las fieras. Eludir el calor es otro asunto…
Elena Medel (Córdoba, 1985) es autora de los libros de poemas Mi primer bikini y Vacaciones.
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