Cinco de las mejores playas en enclaves naturales incontaminados. Difíciles de olvidar. Con su encanto natural a salvo de la presión humana. Con bonitas puestas de sol, establecimientos como Dale Candela o la posibilidad de bañarse desnudo. Un lujo de tranquilidad y silencio.
1. Cabo de Gata
(PARQUE NATURAL DE CABO DE GATANÍJAR, ALMERÍA)
Playa de arena dorada, ancha, de casi cinco kilómetros de longitud y un agua clara de oleaje medio (cuando sopla levante, la resaca es importante, aunque el mar parezca una balsa). Ser corazón del parque natural Cabo de Gata- Níjar la ha preservado del ladrillo. Se divide en varios tramos que se llaman, viniendo desde Almería: San Miguel, Las Salinas (toma el nombre de los humedales habitados por flamencos), La Almadraba, La Fabriquilla. Llegar en coche es fácil, y una vez aquí, puede convertirse en punto de partida para una excursión por pequeñas calas de los alrededores a las que se accede a pie o en barco; muchas de ellas son nudistas: cala Rajá, cala Carbón, cala de La Media Luna... Doblando el cabo se encuentra la localidad de San José y otras dos joyas: Mónsul y Genoveses.
La Delegación de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía restringe el tráfico una vez alcanzado determinado volumen de vehículos, y entonces sólo es posible disfrutar de estas playas cogiendo un autobús gratuito que las conecta con el pueblo. La web de la Asociación de Empresarios de Servicios Turísticos del Parque Natural ofrece información sobre alojamientos y actividades: rutas, excursiones, submarinismo. / ELENA SEVILLANO
Parque natural Cabo de Gata-Níjar (950 38 02 99; www.cabodegata-nijar.es).
Turismo de Almería (www.almeria-turismo.org).
2. Playa de Cantarriján
(ALMUÑÉCAR, GRANADA)
A caballo entre las provincias de Granada y Málaga se encuentra el paraje natural de los acantilados de Maro y Cerro Gordo, el enclave mejor conservado de la costa tropical. Un rosario de abismos de roca caliza precipitados sobre las aguas transparentes de la ribera más virgen del mar de Alborán, salteados de medias lunas lamidas por las olas y sembradas de guijarros con nombres tan sonoros como playa del Cañuelo, playa de Cantarriján y playa de las Alberquillas. La de Cantarriján es una de las famosas calas nudistas de la zona, con sus chiringuitos y todo, donde se pueden degustar buenos pescados de roca, como la herrera, que se captura en las cercanías. Comer en estas tabernas playeras es todo un lujo, con un derroche irreverente de luz, mar, sol y silencio que no pueden romper los pocos turistas que caen por aquí. En uno de los peñones más avanzados del paraje se levanta la torre vigía de la Caleta, una de las atalayas construidas en el siglo XVI para controlar las incursiones piratas. Cerca del pueblo de Maro se alza otra torre, la del Pino, y a sus pies se abre la cala del mismo nombre, salpicada de escolleras muy propicias para el submarinismo. / PEDRO RETAMAR
Turismo de Granada (www.turismodegranada.org).
www.almunecar.info.
3. El Cañuelo
(NERJA, MÁLAGA)
En la Costa del Sol, donde predominan las playas urbanas, aún es posible encontrar algún espacio recóndito, alejado del cemento, donde se mantiene el orden natural. A la playa de El Cañuelo incluso cuesta trabajo acceder, y para llegar a ella hay que andar más de un kilómetro por un camino de tierra que baja desde la N-340. Ubicada en los acantilados de Maro, un paraje natural protegido en Nerja, casi en el límite de las provincias de Málaga y Granada, la playa de El Cañuelo se caracteriza por sus aguas claras. Abrigada por conjuntos de rocas en sus extremos, El Cañuelo es muy apreciada para el buceo, y, sin ser una playa nudista, es frecuente esta práctica. Sin ningún tipo de servicios, ni chiringuito, la Junta de Andalucía ofrece en verano un servicio de todoterrenos para bajar hasta la playa. / DIEGO NARVÁEZ
www.visitacostadelsol.com.
Oficina de turismo de Nerja (952 52 15 31; www.nerja.es).
4. EL PALMAR
(VEJER DE LA FRONTERA, CÁDIZ)
Lejos, casi perdido en la memoria, ha quedado el baño desnudo y solitario. Si no hace tantos años que las posibilidades de encontrar signos de vida a primera hora de la mañana en este arenal quedaban reducidas al mugido de una vaca en las parcelas aledañas, la aventura puede toparse hoy con un tipo rastreando con su extravagante detector de metales. Relojes, pulseras, abalorios. Objetos del hombre civilizado perdidos en la embriaguez de la noche. Hace mucho que los carriles de tierra que conducen hacia los 4.200 metros de playa de El Palmar dejaron de ser uno de los secretos mejor guardados de la costa gaditana. Desde Torrenueva hacia el Oeste, olas para surferos; hacia el Este, litoral salvaje colindante con el perfil lechoso de Conil de la Frontera. Las puestas de sol mantienen la belleza que le otorgaron su fama, si bien ahora resultan más bulliciosas gracias a la caravana de pandillas veraniegas cargadas con neveras rumbo al ocaso. Las sardinas y las navajas a la plancha del chiringuito de José, detrás de la torre, dieron paso a las ensaladas sofisticadas de su vecino Dale Candela; el cubata peregrino en la Venta El Morito, al mojito y el chill-out de El Cartero. Hace ya tiempo, en definitiva, que los habitantes de esta pedanía de Vejer de la Frontera dejaron de convivir con hippies extraviados y aprendieron a recibir a los más actuales modernos y perroflautas. / QUINO PETIT
Turismo de Cádiz (www.cadizturismo.com).
www.vejerdelafrontera.es.
5. Flecha de El Rompido
(CARTAYA, HUELVA)
A muy poca distancia de Isla Cristina, las aguas dulces del río Piedras se encuentran con el océano Atlántico, en un paraje natural en forma de flecha litoral con más de 12 kilómetros de longitud. La acción de las mareas, los vientos de poniente y la corriente del Piedras se han inventado en su encuentro un accidente geográfico en continuo crecimiento y remodelación que se alarga varios metros cada año.
A poca distancia de la aldea de pescadores de El Terrón se halla el centro de interpretación Aula Marina, que muestra a los visitantes los encantos del paraje natural de las marismas del río Piedras y Flecha de El Rompido. En los trescientos metros de anchura de la barra de arena crecen retamas y varios tipos de salicornias, que han fijado las dunas y han aportado las condiciones mínimas para el asentamiento de la fauna. Las playas que se abren al océano se componen de millones de conchas marinas de todos los tamaños, entre las cuales buscan su comida varias especies de gaviotas, cormoranes y chorlitejos. La orilla contraria que da vistas a la desembocadura del río almacena los limos que aporta la corriente fluvial; zona mucho más querenciosa para los correlimos, andarríos, archibebes y agujas. / P. R.
Turismo de Huelva (www.turismohuelva.org).
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