Puente de Mayo en Andalucia

 

HITOS, GUÍAS Y VIGILANTES

El Faro de La Polacra, del siglo XVIII, se erige sobre un promontorio de 265 metros desde el que se domina todo el parque natural de Cabo de Gata-Níjar. / ANDRÉS CAMPOS

Recorrido por los nueve faros que iluminan el litoral de Almería. Una ruta de 200 kilómetros desde Adra, en la linde con Granada, hasta Garrucha, cerca de Murcia, con las sierras peladas de Gádor, Gata y Cabrera al fondo y 9 luminarias en las playas más vacías del Mediterráneo.

ANDRÉS CAMPOS

 

A un lado, los campos calcinados, las ramblas sedientas y las sierras peladas de Gádor, Gata y Cabrera; al otro, el mar, que también es un desierto, llano, inmenso, salado. Y vigilando la frontera entre ambas soledades, viejos cíclopes que aún conservan, de los tiempos míticos, un fulgor de fragua en la mirada. Sin contar el faro de la Isla de Alborán, de difícil acceso, y el del puerto de Almería, en zona restringida, nueve son los hitos luminosos que guían al viajero por el litoral almeriense, desde Adra, en la linde con Granada, hasta Garrucha, no lejos de Murcia. Una ruta de 200 kilómetros que, además de faros, enhebra salinas, aldeas de pescadores y las playas más vacías del Mediterráneo.

1. ADRA

El primer faro que tuvo Adra lo derruyó un temporal en 1896, el segundo acabó siendo fagocitado por la propia población y el tercero, inaugurado en 1985 y aún en servicio, es una torre cilíndrica de 26 metros, pintada a franjas blancas y rojas, que se yergue sobre la playa de Poniente, junto al Centro de Protección Civil. En Adra —la antigua Abdera fenicia, griega, romana y musulmana— han sido siempre muy aficionados a las torres: además de faro, presumen de la torre-vigía de Guainos, del siglo XIII, de varios torreones del XV y de la decimonónica torre de los Perdigones, desde cuya altura se vertía plomo fundido que, al enfriarse en la caída, se convertía en munición de caza, de ahí su nombre.

2. PUNTA DE LOS BAÑOS

Junto a la barriada de Guardias Viejas, en El Ejido, se extiende la insólita playa de Punta de los Baños, a cuya vera forman como un ejército polar los blancos invernaderos, las blancas autocaravanas de jubilados alemanes y, desde 1991, un blanco faro semejante a un trampolín o una palanca de saltos.

La torre cuadrangular de 22 metros se remata con una plataforma volada que, según la memoria del proyecto, “adelanta hacia el mar la ayuda de su luz en actitud de oferta a los navegantes”, los cuales pueden, gracias a este faro, sortear el temible bajo de Culo de Perro. Asomando sobre los plásticos que incuban el verde tomate raf y el melón amarillo homer, es todo un símbolo de la moderna Almería.

3. EL SABINAL

Entre Almerimar y Roquetas se halla el faro más interesante del poniente almeriense, al estar inmerso en el paraje natural Punta Entinas-Sabinar: 14 kilómetros de playas intactas, dunas y charcones plagados de aves. El faro que hoy vemos, de 32 metros de altura, se construyó con los sillares de otro que se tragó el mar en 1915; por eso está a unos respetuosos 300 metros de la orilla, tras una duna repoblada con pinos, lentiscos y sabinas, a prueba de huracanes. Dolores Papis, una de las primeras (y últimas) fareras del país, es su responsable desde 1986. Para llegar hasta él hay que andar un kilómetro atravesando unas antiguas salinas. No olvidar los prismáticos y el repelente de mosquitos.

4. ROQUETAS DE MAR

Inaugurado en diciembre de 1863, como el primero del Sabinal, y absorbido por la población, como el segundo de Adra, el coqueto faro de Roquetas, que dejó de prestar servicio en 1945, es ahora una sala de exposiciones que, más que nada, hace bonito junto al castillo de Santa Ana, en un parque de palmeras y terrazas asomadas a la playa de la Bajadilla, a tiro de piedra del puerto. Buen lugar, el parque, para sentarse a pensar en los tiempos en que Roquetas, hoy un emporio turístico e inmobiliario con 73.000 habitantes censados de 102 nacionalidades, sólo era un pueblo de 500 casas y 40 barcos, que se dedicaban a la pesca del boquerón y la pescada guiados por un farito de aceite de oliva.

5. CASTILLO DE SAN TELMO

Entrando en la capital por la carretera de Aguadulce, se alza a mano derecha este castillete de 1772, también llamado Torrejoncillo, sobre un escarpadísimo promontorio que cierra por el oeste la bahía de Almería, a 77 metros de altura sobre el mar. En 1976 se le añadió el faro, y poco después el zigzagueante camino de acceso, con escalones tallados en la roca y cortejo de pinchudos agaves. Difícil tropezarse con nadie, si no es algún pescador, y eso que el panorama justifica plenamente la visita. Se domina el puerto a vista de gaviota, y la ciudad acostada al pie de la alcazaba, que es la mayor construcción musulmana de España después de la Alhambra.

6. CABO DE GATA

Al alejarse de la capital hacia naciente, nada más pasar el aeropuerto y las urbanizaciones costeras de El Toyo y Retamar, es como si se descorriese un telón, apareciendo de repente un paisaje antiguo de campos erizados de pitas, playas kilométricas, salinas llenas de flamencos y, rematando el ápice meridional de la volcánica sierra de Gata, el faro más veterano de Almería (marzo de 1863). Con el sol ya bajo, las parejitas vienen a retratarse y jurarse amor eterno en este confín suroriental de la península Ibérica que flanquean la playa del Corralete y el arrecife de las Sirenas. Desde la cercana torre de la Vela Blanca se divisan algunas de las calas más bellas de España: Media Luna, Mónsul, Barronal, Genoveses…

7. LA POLACRA

La torre de los Lobos, atalaya construida en el siglo XVIII para prevenir los ataques de los piratas berberiscos, sirve de peana al faro más joven de la provincia (septiembre de 1991) y más alto de España, pues se erige sobre un promontorio de 265 metros desde el que se domina todo el parque natural de Cabo de Gata-Níjar. La carretera de acceso, cortada al tráfico, obliga a subir andando desde el valle de Rodalquilar: un grato paseo de tres cuartos de hora entre palmitos, espartos, tomillos y jaras de rosa flor. Al norte quedan las recónditas calas de la Polacra y del Bergantín, así como el amplio Playazo, cuyos rebordes de roca arenisca fingen bajo las aguas catedrales de oro, óptimas para el buceo.

8. MESA ROLDÁN

He aquí otro faro estratosférico, situado a más de 200 metros sobre el mar. Desde que se encendió, el último día de 1863, ha permanecido firme al borde de una meseta caliza entre Agua Amarga y Carboneras, aislado en “la tierra más pobre de España” (Juan Goytisolo, Campos de Níjar, 1959). Su única compañía ha sido una inútil torre-vigía de 1766, cuya artillería, desde tan alto, nunca fue eficaz. Hacia Carboneras cae la rectilínea playa de los Muertos, mil veces retratada para postales y anuncios: un kilómetro de barra arenosa sólo accesible a pie que es de buena querencia de los nudistas.

9. GARRUCHA

Con los materiales del faro de Villaricos, levantado en la palúdica desembocadura del río Almanzora y abandonado por eso mismo, se construyó en 1881 este otro que está a la entrada de Garrucha —a mano izquierda, según se viene de Mojácar—, junto al castillo de Jesús Nazareno y la buena playa de las Escobetas (1.370 metros de longitud por 12 de anchura), medio eclipsado por las casas circundantes. Ex mari orta (surgida del mar), así reza el lema del escudo de esta localidad, donde el mejor plan para el visitante consiste en curiosear en el ajetreado puerto pesquero y en la lonja, donde se subastan por las tardes las famosas gambas rojas. Y en comerse luego una docena de éstas, claro está.


DATOS PRÁCTICOS

Información:

Turismo de Almería
(950 62 11 17; www.almeria-turismo.org).
Oficinas de turismo de Roquetas de Mar (www.aytoroquetas.org; 95033 32 03), Adra (www.adra.es; 950 5608 26), El Ejido (www.elejido.es; 950 48 95 55), San José (950 38 02 99; www.cabodegata-nijar.com) y Garrucha (950 13 27 83; www.garrucha.es).

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