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GINCANA PICASSIANA: RECORRIDO POR MÁLAGA

En la calle de San Agustín (terraza de La Tetería e iglesia de San Agustín) están el Museo Picasso y dos de las cinco placas de este recorrido. / JULIÁN ROJAS

La casa donde nació, la iglesia donde lo bautizaron, el parvulario donde hizo sus primeros garabatos, el palomar de su padre. Cinco placas conmemorativas son una buena excusa para deambular por la ciudad.

PABLO ARANDA

 

La ciencia avanza, se resuelve la secuencia del ADN, se logra que el orangután críe en cautividad, se consigue reunir un rebaño a partir de una sola de las ovejas; pero no crean, aún queda espacio para más investigaciones: todavía no sabemos de qué depende que alguien nazca en un lugar en vez de en otro. Y es bueno no saberlo, se agradece que algo quede a merced del azar, aunque enseguida aparecen personas de ese rebaño que casualmente nació en el mismo lugar que ese otro alguien un poco más famoso que el resto y exigen que se elimine la cláusula de casualidad. Esa persona nació aquí y entonces nos pertenece, la glorificamos, y demuestra que somos los mejores.

Para luchar contra estos localismos se deberían crear genios con biografía adulterada, que 50 años después de su muerte supiésemos que no eran de donde creíamos, que el más ferviente representante de nuestra comunidad pertenece en realidad a la de enfrente. Pero mientras tanto, gocemos de las ventajas de esta casualidad.

Picasso nació en Málaga, y en Málaga hay una Fundación Pablo Ruiz Picasso y un Museo Picasso que se convierte en el epicentro de un pequeño laberinto en el centro de Málaga y una excusa para visitar esta ciudad. Proponemos un recorrido siguiendo las placas—de momento cinco—que ha instalado la Fundación Pablo Ruiz Picasso en el centro de Málaga.

1. PLAZA DE LA MERCED, 17. “En la tercera planta de esta casa vivió Picasso entre 1883 y 1891”
Supone un alivio para la ciudad, y para el turista, que los padres de Picasso adquiriesen una casa tan céntrica en una plaza tan personal, lo cual contribuye a que el recorrido no se salga apenas de ese pequeño laberinto del que hablábamos. La casa—actual sede de la fundación—está en la plaza de la Merced, una plaza mayor abierta, rodeada de pequeños restaurantes con encanto, algún bar de ambiente, terrazas para el café o la primera cerveza, y a sólo dos pasos del teatro Cervantes, sede oficial del Festival de Cine Español y del Festival Internacional de Teatro y del Festival de Jazz, es decir: sede.

Y a dos pasos del cine Albéniz, casi las últimas salas de cine en el centro de la ciudad, junto al teatro romano donde debutaron Antonio Banderas y María Barranco, además de algún que otro actor y actriz dos mil años de nada antes. En el centro de la plaza, un monolito recuerda al general Torrijos, un romántico valiente.

2. GRANADA ESQUINA PLAZA DE LAMERCED. “En este lugar, antigua farmacia de Mamely, tuvo su tertulia José Ruiz Blasco, padre de Pablo Ruiz Picasso”
Una de las calles que se abren desde la plaza de la Merced es la calle de Granada, la arteria que cruzaba la ciudad musulmana de norte a sur y que recibe su nombre porque al final de ella se encontraba la puerta que había que cruzar para viajar a la capital nazarí. En la farmacia que hace esquina con la plaza de la Merced podemos comprarnos unas pastillas de ácido acetilsalicílico y cerrar los ojos tratando de recuperar restos de la energía de Picasso... padre.

En esta calle estrecha y peatonal quedan algunas charcuterías de las de antes, donde comprar un dulce para el camino o un vino para el recuerdo. Unos pocos metros más abajo, junto a un puesto de kebabs para ir entrando en ambiente, hay un callejón estrecho de la antigua judería que nos lleva hasta otro callejón, donde al traspasar una puerta nos encontramos en unos fantásticos baños árabes.

3. IGLESIA DE SANTIAGO. CALLE DE GRANADA. “En esta parroquia de Santiago fue bautizado Picasso el 10 de noviembre de 1881”
Frente al puesto de kebabs, seguro que nos ha llamado la atención una ancha y arqueada puerta de madera: es la de la parroquia de Santiago, la iglesia más antigua de Málaga y a la que se accede bajando un par de escalones y sorteando tres o cuatro flautistas. La iglesia cuenta con una torre mudéjar restaurada no hace mucho, pues aún dejaba ver las huellas de la Guerra Civil.

Un callejón junto a la parroquia (no el de los baños, ése está enfrente) nos conduce a la calle del teatro romano y la alcazaba y la parte de atrás del Museo Picasso, calle de la Alcazabilla, con la terraza de la bodega El Pimpi junto a un agradable jardín donde un Ibn Gabirol de bronce observa las palomas (pero para palomas esperen a la quinta placa) y a nosotros degustar un vino dulce.

4. SAN AGUSTÍN, 9. “En este lugar estuvo ubicado, según la tradición, el parvulario al que asistió de niño Pablo Ruiz Picasso”
Si conserváramos el primer garabato que realizó Pablito Ruiz Picasso en una mesa del parvulario, podríamos colgarlo en el salón, o donarlo al museo, o, por qué no, vender ese trozo de madera rayada. Pero la verdad es que por no conservar no conservamos ni el parvulario cuya ubicación avala la sabia y consuetudinaria tradición.

La especulación es la especulación, oiga, así que ahora lo que hay es una tienda de recuerdos; bueno, podemos comprar una postal picassiana y enviarla a algún ser querido. Y frente a la tienda de souvenirs hay un palacio de bonitos patios (y elegante restauración y ampliación obra del arquitecto Richard Gluckman), que alberga el Museo Picasso; entremos ahora y dejemos para después la quinta placa, accedamos a la colección permanente y la exposición actual, disfrutemos de la revolución de este arte que nos golpeará como un vendaval, el arte de este genio que nació en la mejor ciudad del mundo.

5. COLEGIO DE SAN AGUSTÍN. CALLE DE SAN AGUSTÍN. “En este edificio, antiguo Ayuntamiento de Málaga, tuvo un taller-palomar José Ruiz Blasco, padre de Picasso”
Después de salir del museo, si no hemos repostado en la acogedora cafetería del propio museo, sentémonos en la tetería San Agustín (comparte nombre con la calle empedrada donde nos encontramos), unos pasos adelante. Dando sorbos al té (elegido entre la estresante carta que nos ofrece cientos de posibilidades), masticando el trozo de tarta, contemplando la torre de la catedral, nos toparemos con la quinta placa.

El padre de Picasso, como Marlon Brando en La ley del silencio, tenía un palomar, al que iría, algo dirá la tradición, tras dejar al niño en el parvulario e intercambiar impresiones en la tertulia. De ahí, seguramente, el interés de Picasso por las palomas. Esta calle es una de las más bonitas y antiguas de Málaga, y sentados en ella desearemos que se coloquen las restantes placas que aún descansan en lamente de un picassiano trabajador. Aquí estudió primaria, por ejemplo. O aquí se alojó en su última visita a Málaga a finales de 1900 con su melancólico amigo el pintor Casagemas, quien se pegó un tiro semanas después.

Pablo Aranda (Málaga, 1968) es autor de Ucrania (Destino, 2006) y El orden improbable (Espasa-Calpe, 2004).

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