|
Clinton-Dole:
La visión de futuro contra la nostalgia del pasado
El
5 de noviembre de 1996, Bill Clinton se convirtió en el primer presidente
demócrata que lograba ser reelegido desde Franklin D. Roosevelt.
Fue una campaña marcada principalmente por dos asuntos: la financiación
de los partidos políticos y un fenómeno llamado Internet.
El principal
contrincante de Clinton, Bob Dole, intentó sin éxito explotar el
escándalo que saltó en plena recta final de campaña: Los demócratas
cesaron al responsable de finanzas del partido
por un escándalo relacionado con la recaudación sospechosa de fondos.
Este incidente, añadió un poco de emoción a una carrera electoral
en la que el actual presidente tenía una destacada ventaja sobre
sus más directos rivales.
Pero el hecho
no hacía más que constatar lo que todo el mundo en EE UU reconoce
como uno de los principales cánceres del sistema: el
poderoso efecto del dinero en la política. Nadie está
libre de sospecha. Uno de los encargados de la recaudación del bando
republicano aseguraba entonces que "cuando tienes que realizar
ese trabajo es tanta la presión que si te llega un cheque con 50.000
dólares no te preguntas de dónde llegó, ni por qué". Los encargados
de gestionar las contribuciones económicas miran hacia otro
lado, se pasan por alto las disposiciones legales y les da igual
que el dinero provenga de Walt Disney o de Philip Morris.
Los demócratas
zanjaron el asunto devolviendo algunos de los cheques más polémicos
y señalaron que sus rivales, los republicanos, tampoco estaban libres
de culpa. Pero se negaron rotundamente a revelar
detalladamente todas las donaciones antes del fin de la campaña.
A sólo tres
días de la votación, Clinton, que ya se había aprovechado de la
imprecisa ley de financiación de campañas políticas, aseguraba que
aunque se había actuado dentro de la legalidad "esa legalidad supone
una amenaza para el sistema democrático. Todos sabemos que es
necesario cambiar esas reglas".
Internet
En estos comicios,
Internet se enfrentaba a su primer gran examen, que ponía a prueba
su capacidad de información, análisis e interacción. Era la primera
vez en la historia que una carrera por la Casa Blanca tenía lugar,
en parte, en el ciberespacio. Un estudio del diario USA Today
hablaba de 35 millones de usuarios, una cifra nada despreciable
para los candidatos y partidos que también contaron
con páginas web para la ocasión. Todas las armas son
buenas si reportan una rentabilidad electoral.
Cualquier persona
de cualquier parte del mundo podía por primera vez acceder a una
gran cantidad de información sobre las elecciones estadounidenses
EN TIEMPO REAL. Multitud de sitios creados para la ocasión, o de
grandes medios de comunicación tradicionales, pusieron a disposición
de los internautas más información de la que nunca nadie hubiera
podido soñar hasta entonces.
El día de la
votación se constató el éxito de los sites electorales y
muchos de ellos se colapsaron ante la avalancha
de visitantes. La página de la CNN en la red recibió durante toda
la jornada más de 50 millones de visitas.
Un
final sin emociones
Sin embargo,
la lucha por la presidencia estuvo también marcada por los intentos
de los candidatos de hacerse con ciertos grupos de votantes que
suponían un goloso objetivo y que serían decisivos el 5 de noviembre
de ese año: los verdes, los latinos,
los jóvenes e, incluso, los deportistas.
A escasos días
de la elección presidencial, Dole, que
se sabía muy por debajo de su contrincante
en los sondeos, intentó que el tercer candidato, el multimillonario
tejano Ross Perot abandonara y le diese su apoyo.
Algo que no consiguió. A 48 horas de la votación, los republicanos
reconocían que se conformaban con no ser
barridos de todos los centros de poder.
Perot que era
el cabeza de serie de los candidatos sin posibilidades,
el marginado en los debates, el tercero en discordia y el más apoyado
entre los olvidados - contaba con menos del 7% en intención de voto-.
270 candidatos más se habían registrado en la Comisión Federal de
Elecciones, aunque de estos sólo 18 consiguieron cumplir los requisitos
para estar inscritos en las listas electorales de, por lo menos,
un Estado del país.
Clinton,
que encarnaba la visión de futuro, se enfrentaba
a la nostalgia del pasado representada por su más inmediato
rival. De nada sirvieron los ataques republicanos que vaticinaban
que la reelección del presidente traería desastres
económicos y abusos. El líder demócrata estaba respaldado por
un periodo de expansión y se mostraba firmemente
convencido de su triunfo.
En la ciudad
en la que empezó su carrera política, Little Rock (Arkansas), Clinton
recibió la noticia de la contundente victoria
sobre Dole, a ritmo de Macarena, que fue el
himno no oficial de la campaña demócrata.
La euforia llegó
incluso a Wall Street, donde los inversores
celebraron el resultado de las elecciones con espectaculares ganancias.
La victoria de Clinton en las presidenciales y el hecho de que los
republicanos se asegurasen el control de las
dos Cámaras no pudo ser una noticia mejor para los mercados.
Este reparto también confirmaba que los ciudadanos deseaban
una vigilancia mutua entre el Legislativo y el Ejecutivo.
La perspectiva
de que Clinton estuviese cuatro años más
al frente de la primera potencia mundial también fue
aplaudida por los principales líderes internacionales.
Una
derrota anunciada
Tras la derrota
de Dole, los republicanos asumieron la necesidad de encontrar un
líder, realizar un recambio generacional
y presentar un candidato con gancho. Alguien que fuera capaz de
ilusionar y resolver las contradicciones de las diferentes familias
conservadoras y conectar de nuevo con el electorado.
Al lado del
vencedor estaba su fiel vicepresidente, Al Gore,
que en las elecciones de 2000 se enfrenta a un rival mucho más
duro. George Bush no es Bob Dole.
Clinton comenzó
su mandato con un talante negociador. El recién elegido presidente
asumió el gran mensaje de los electores:
"que demócratas, republicanos e independientes superasen
sus divisiones y trabajasen conjuntamente para solucionar los problemas
del país".
Sea como fuere,
para bien o para mal, los años noventa
estarán siempre relacionados con Bill Clinton, que descendió
a los infiernos con el escándalo de la becaria Lewinsky;
se marcha con la frustración de no haber conseguido un acuerdo
de paz en Oriente Próximo y ha gobernado el país en
una época de esplendor económico.
|