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En
campaña hasta el último
segundo
Los
últimos días de la campaña se han convertido
en una carrera desbocada entre Bush y Gore para conseguir dar un
vuelco a los resultados electorales dado el estrecho margen de puntos
que existe entre ambos a tan solo unos días de las elecciones
Éstas
están siendo, con mucho, las elecciones presidenciales más reñidas
de los últimos años en EE UU y, de hecho, a pocos días de su celebración,
el panorama es más incierto que nunca. Curiosamente, el ambiente
político no se respira en las calles, donde sorprende no ver ningún
cartel con los rostros de los candidatos estampados junto con sus
lemas. Pero eso es en NY, un estado tradicionalmente demócrata donde
Gore no necesita hacer campaña y, menos aún, empapelar la ciudad
con su foto. Otros estados, más activos, ofrecen la típica imagen
de suburbio estadounidense de casas unifamiliares donde se ven pequeños
carteles electorales clavados en el césped de la entrada.
Pero sin duda, el duelo principal se libra
en la arena televisiva y en los cuarteles
generales de los candidatos donde los
asesores preparan anuncios de última hora
que puedan inclinar la balanza hacia uno
u otro lado. Dado que la distancia entre
ambos candidatos, Bush desde el frente
republicano y Gore desde el demócrata,
es estrechísima (a pesar de que se habla
de cierta ventaja de Bush sobre Gore,
todavía queda un 25% de la población aún
indecisa), ambos se han lanzado a hacer
campaña en los denominados swing states
(los estados que por su importancia pueden
decidir las elecciones). La estrategia
consiste en limitarse a recalcar los defectos
del contrincante, destacar lo terrible
que será un mandato presidencial bajo
su batuta y recurrir al terreno de la
descalificación personal liderada por
los presentadores de los programas de
televisión más populares.
En uno de sus
Late Show de los pasados días, David Letterman, el famoso
showman estadounidense, hizo un chiste sobre Bush diciendo
que, dado que las encuestas le dan como vencedor, en los lugares
donde se guardan los misiles y las bombas están imprimiendo a toda
prisa carteles con Easy-to-read-instructions (instrucciones
para tontos) dada la fama que tiene Bush, y no sólo de inculto.
Letterman también pasó unas imágenes, grabadas en un descanso cuando
Bush estaba siendo entrevistado por él, en las que se ve cómo el
candidato republicano aprovecha para, sin permiso, limpiarse las
gafas directamente en la chaqueta de una productora del programa
que en ese momento comentaba algo con Letterman. Éste dijo más tarde
que Bush era un payaso y que "quién quiere un presidente que se
va a limpiar las gafas en los que le han votado".
En realidad, estas descalificaciones demuestran
la verdadera y auténtica desesperación
que viven estos días los demócratas de
EE UU que ya ven a Bush junior instalado
en la Casa Blanca. Y que se sienten decepcionados
porque sienten que no es que Bush pueda
ganar las elecciones sino que es Gore
quien las ha perdido. Según la tradición,
si el candidato del partido oficial no
obtiene una ventaja de más de 20 puntos
sobre su contrincante un mes antes de
las elecciones, lo más probable es que
pierda.
Por su parte,
los republicanos se limitan a criticar las iniciativas demócratas
sobre medio ambiente como la propuesta de aumentar el precio de
la gasolina pagando un impuesto denominado CO2 tax, elaboran
rimas del tipo Gore is a bore (Gore es un aburrido) y hacen
mucho hincapié en la falta de moralidad de los demócratas; no sólo
por el estigma que arrastra todo el partido desde el "caso Lewinsky"
sino por su abierto respaldo al aborto libre -pro choice-
en contraposición a la postura republicana.
Pero no sorprende
ver hasta qué punto puede llegar el nivel de descalificaciones mutuas,
porque si hay algo que ha destacado en estas elecciones ha sido
la perspectiva personal de los candidatos. De nada le ha servido
a Clinton dejar un legado económico inigualable si los electores
consideran que Gore es un "estirado" y un frío intelectual. Incluso
un grupo de estudiantes de políticas de Carleton College en Minneápolis
reconocía que, para ellos, Gore es el candidato más cualificado
pero resulta muy engreído, mientras que Bush les parece el típico
compañero de Campus que hace gamberradas.
Sin embargo, personalmente Bush está teniendo
suerte en su campaña y hasta sus defectos
le están ayudando. Cuando comete errores
lingüísticos, no recuerda cuál es la capital
de Tailandia o admite su pasado de alcoholismo,
los votantes le ven como uno de los suyos,
alguien que se equivoca, que no recuerda
las capitales de muchos países y que se
emborracha.
Curiosamente son los mismos electores
que ven a los demócratas como la bestia
negra y amoral que mantiene relaciones
extramatrimoniales, algo que, sin embargo,
"también les puede pasar a ellos". Por
alguna razón que no entra dentro de los
programas electorales, la inmensa mayoría
de estadounidenses "percibe" buena fe
en Bush y muchos reconocen que le votarán
a pesar de que creen que Gore está más
preparado.
Y mientras se dirime el rompecabezas de
cuál ha de ser la estrategia a seguir
por los dos candidatos principales en
los últimos días antes de la votación,
hay un apellido que está en boca de todos:
Nader. El independentista de los verdes
está poniendo la emoción que faltaba -si
es que era necesario- en la recta final
hacia las urnas. Se ha ganado la confianza
de los indecisos y, lo que es peor, de
la mayoría de los jóvenes, que lo están
utilizando abiertamente para castigar
a los candidatos demócrata y republicano,
pero sobre todo, a lo que para ellos representan:
el sistema.
Votar a Nader les hace sentir liberales,
contestatarios y cínicos. Y lo cierto
es que están influyendo drásticamente
en el devenir de las elecciones y, para
desgracia de los demócratas, lo está haciendo
a favor de Bush, ya que los votantes de
Nader son potenciales votantes demócratas.
Tal y como argumenta una típica demócrata
neoyorquina: "Me temo que Bush ganará,
pero espero que Gore logre abrirse camino.
No obstante todo depende de los votantes
de Nader. Esperemos que en el último momento
un puñado de ellos se raje, vote por los
demócratas y todo cambie".
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