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1996

2000

 


- Campaña  

La otra América

Promesas y bonanza económica. Los principales candidatos a la presidencia de EE UU, el republicano George W. Bush, el demócrata Al Gore y el tercer opositor en liza, el líder del Partido Verde, Ralph Nader, disparan en la recta final los últimos cartuchos.

Apelan a los rezagados, mujeres, jubilados, minorías étnicas y culturales. Núcleos de población que sin haber apostado por ninguno de los principales candidatos podrían dirimir el sueño de uno de los aspirantes a ocupar el Despacho Oval.

Las comunidades hispana y afroamericana se han convertido en un filón para los candidatos. Por ello, en el maratón por lograr desequilibrar la balanza electoral, tanto Gore como Bush reclaman sus votos. A medida que se van integrando en la sociedad, sendos colectivos piden mayor representación tanto local como nacional.

Aunque los blancos siguen siendo el grupo de población mayoritario en el país (con un censo de 270 millones de habitantes), la población negra se ha convertido en la principal minoría con 34,8 millones de personas. Sin embargo, los hispanos son el grupo étnico que crece con más vigor en Estados Unidos. Ya suman 32,4 millones de personas, y su capacidad económica ronda los 450.000 millones de dólares.

Los hispanos

A este último grupo tanto Gore como Bush le han hecho la corte y han dedicado parte de sus anuncios electorales en español. El candidato republicano, incluso intentó granjearse la simpatía de los hispanos realizando su primera intervención en español ante el Congreso de su partido, celebrado en Filadelfia el pasado mes de julio.

La imagen de los republicanos como defensores de los privilegios de las clases ha tomado un cambio de rumbo. Bush intenta evitar los errores que sus antecesores cometieron durante sus mandatos presidenciales. Huellas indelebles como la explotación política del racismo blanco que Nixon patrocinó y Reagan promovió.

Aunque todo son anacronismos del pasado. Al menos para Henry Bonilla, uno de los congresistas hispanos más relevantes del partido conservador, quien asegura que la hostilidad que protagonizara el gobernador republicano de California, Pete Wilson, ha quedado desterrada al reino del olvido.

Para Bonilla, el estereotipo creado por los demócratas es incorrecto. Éste asegura que Bush "no tiene agendas específicas" para los latinos, negros o mujeres, a diferencia de Gore. Los republicanos denuncian la actitud de los demócratas, a quienes acusan de sus estrechas relaciones con los sindicatos, reacios a la competencia de nueva gente en el mercado laboral.

El conservadurismo compasivo ha sido una de las bazas que Bush ha esgrimido a lo largo de su campaña con obras de caridad para las iglesias y de beneficencia social. Muchos de los que viven en Tejas le adoran por la toma de posición a favor del bilingüismo, contrario a la política republicana de los noventa.

Pura imagen

Aunque no faltan en ese Estado latinos que aseguran que el repentino amor del republicano se reduce a palabrería. Le recriminan que mientras participa en la parafernalia de mariachis y otros fastos latinos jamás ha visitado las colonias de El Paso, donde se hacinan en condiciones infrahumanas millares de inmigrantes.

Paradójicamente, según Norman Birnbaun, profesor de derecho en la facultad de Georgetown (Washington) y un mito en el pensamiento norteamericano de izquierdas, el hecho de que Bush haya escogido a Richard Cheney como candidato a la vicepresidencia es muy significativo tanto para los empresarios que financian al Partido Republicano como para el electorado de clase media. Ya que indica que la continuidad de uno de los más estrechos colaboradores de su padre sólo significa que para el actual gobernador de Tejas la compasión que predica no va a tener muchos costes.

A pesar del pasado patricio de su familia en Nueva Inglaterra, George W. Bush se presenta como un hombre campechano, un "grandullón" de Tejas que sabe poco de la gran política pero mucho de cómo "sumar fuerzas en lugar de dividirlas".

Mucho más desenfadado, simpático y superficial que su contrincante, el vicepresidente Al Gore, ha conseguido contactar con millones de estadounidenses indecisos que prefieren tener en la Casa Blanca a una persona de carne y hueso.

Consciente de que su principal problema es de imagen, Gore, un candidato con un historial más serio que Bush, presenta un discurso moderadamente progresista y para lograr el voto afroamericano ha empleado un método que prefiere no exhibir ante otra clientela: el apoyo de Bill Clinton, el presidente norteamericano más popular entre esta comunidad. "El primer presidente negro", como le calificó la escritora afroamericana Toni Morrison en pleno caso Lewinsky.

Los recursos de Gore

Gore dispone de recursos y domina el escenario norteamericano: de la izquierda al centro derecha. Puede volver a ser el vicepresidente cuando se trate de hacerse fotos con líderes extranjeros o anunciar buenos resultados económicos, y puede ser el candidato Gore para desmarcarse del comportamiento de Clinton en el caso Lewinsky o declarar que no está plenamente satisfecho de los resultados sociales del Gobierno demócrata en los últimos siete años. Puede apelar a Hollywood y proclamarse defensor de los negros, los hispanos y las mujeres.

Con la meticulosidad que le caracteriza, el demócrata tiene como filosofía la prosperidad en el Estados Unidos mayoritario, el de las clases medias de las viviendas unifamiliares y el de los suburbios.

No obstante, a escasos días de la cita con las urnas, el gobernador de Tejas adelantaba tanto en voto popular como en voto de colegio electoral a Gore, según varias encuestas de ABC News CNN-USA Today-Gallup.

Por ello, al candidato demócrata no le queda más remedio que esforzarse para arañar algunos votos del candidato del Partido verde, Ralph Nader, -con un potencial del 5% del electorado estadounidense. El número dos de Gore, Joseph Lieberman, intentaba en última instancia apelar a los progresistas erigiéndose en los principios del tercer candidato Nader como la protección del medio ambiente, la protección de los consumidores y la protección del derecho de las mujeres a escoger [en materia de aborto]".

La "minoría" femenina

Las mujeres votan tradicionalmente a los demócratas, pero su fidelidad varía en función del programa del candidato y, a lo largo de la campaña Bush ha hecho mella en el bastión femenino. Por ello, en la recta final para movilizar la totalidad del voto progresista, y en particular el de las mujeres, Al Gore y sus partidarios presentaban a George W. Bush como una amenaza para el derecho al aborto.

La cerrada contienda electoral tiene a los estrategas diseñando exhaustos el calendario de viaje de los candidatos, con el ojo puesto en las encuestas de los estados indecisos que van a decidir el triunfador como Florida, Pensilvania, Ohio, Michigan, Minesota, Misuri, Tennessee y Washington, que suman en conjunto 130 votos electorales; Florida, con 25 votos electorales; Pensilvania (23), Ohio (21) y Michigan (18), que suman en total 87 votos electorales, son los estados que podrían decidir el triunfador.

Mujeres, internautas, colectivos de homosexuales, la clase trabajadora y estrellas de Hollywood podrían decantarse a priori por las tesis esgrimidas por el candidato demócrata. No obstante, en Silicon Valley, paraíso del dinero generado a raíz de la nueva economía han sido más generosos con George Bush que con Al Gore, a pesar de la mayor relación de este último con el desarrollo de la red.

Quizás, ni con todo el firmamento de actores de Hollywood al completo ni con el apoyo de la comunidad norteafricana, podría emular Gore el éxito de su predecesor Bill Clinton, el presidente que más le ha gustado a la Meca del cine desde John Kennedy.

 



IMÁGENES DE LA CAMPAÑA

CRONOLOGÍA
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EL DEBATE TELEVISIVO
Gráfico interactivo

 


Tanto Bush como Gore han dedicado gran parte de sus energías electorales a ganarse a la "minoría" hispana, conscientes del poder que ésta tiene en su país (Epa).


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