|
La
otra América
Promesas
y bonanza económica. Los principales candidatos a la presidencia
de EE UU, el republicano George W. Bush, el demócrata Al Gore y
el tercer opositor en liza, el líder del Partido Verde, Ralph Nader,
disparan en la recta final los últimos cartuchos.
Apelan a los
rezagados, mujeres, jubilados, minorías étnicas y culturales. Núcleos
de población que sin haber apostado por ninguno de los principales
candidatos podrían dirimir el sueño de uno de los aspirantes a ocupar
el Despacho Oval.
Las comunidades
hispana y afroamericana se han convertido en un filón para los candidatos.
Por ello, en el maratón por lograr desequilibrar la balanza electoral,
tanto Gore como Bush reclaman sus votos. A medida que se van integrando
en la sociedad, sendos colectivos piden mayor representación tanto
local como nacional.
Aunque los
blancos siguen siendo el grupo de población mayoritario en
el país (con un censo de 270 millones de habitantes), la
población negra se ha convertido en la principal minoría
con 34,8 millones de personas. Sin embargo, los hispanos son el
grupo étnico que crece con más vigor en Estados Unidos. Ya suman
32,4 millones de personas, y su capacidad económica ronda los 450.000
millones de dólares.
Los
hispanos
A este último
grupo tanto Gore como Bush le han hecho la corte y han dedicado
parte de sus anuncios electorales en español. El candidato republicano,
incluso intentó granjearse la simpatía de los hispanos realizando
su primera intervención en español ante el Congreso de su partido,
celebrado en Filadelfia el pasado mes de julio.
La imagen de
los republicanos como defensores de los privilegios de las clases
ha tomado un cambio de rumbo. Bush intenta evitar los errores que
sus antecesores cometieron durante sus mandatos presidenciales.
Huellas indelebles como la explotación política del racismo blanco
que Nixon patrocinó y Reagan promovió.
Aunque todo
son anacronismos del pasado. Al menos para Henry Bonilla, uno de
los congresistas hispanos más relevantes del partido conservador,
quien asegura que la hostilidad que protagonizara el gobernador
republicano de California, Pete Wilson, ha quedado desterrada al
reino del olvido.
Para Bonilla, el estereotipo creado por
los demócratas es incorrecto. Éste asegura
que Bush "no tiene agendas específicas"
para los latinos, negros o mujeres, a
diferencia de Gore. Los republicanos denuncian
la actitud de los demócratas, a quienes
acusan de sus estrechas relaciones con
los sindicatos, reacios a la competencia
de nueva gente en el mercado laboral.
El conservadurismo
compasivo ha sido una de las bazas que Bush ha esgrimido a lo
largo de su campaña con obras de caridad para las iglesias y de
beneficencia social. Muchos de los que viven en Tejas le adoran
por la toma de posición a favor del bilingüismo, contrario a la
política republicana de los noventa.
Pura
imagen
Aunque no faltan
en ese Estado latinos que aseguran que el repentino amor del republicano
se reduce a palabrería. Le recriminan que mientras participa en
la parafernalia de mariachis y otros fastos latinos jamás ha visitado
las colonias de El Paso, donde se hacinan en condiciones infrahumanas
millares de inmigrantes.
Paradójicamente,
según Norman Birnbaun, profesor de derecho en la facultad de Georgetown
(Washington) y un mito en el pensamiento norteamericano de izquierdas,
el hecho de que Bush haya escogido a Richard Cheney como candidato
a la vicepresidencia es muy significativo tanto para los empresarios
que financian al Partido Republicano como para el electorado de
clase media. Ya que indica que la continuidad de uno de los más
estrechos colaboradores de su padre sólo significa que para el actual
gobernador de Tejas la compasión que predica no va a tener muchos
costes.
A pesar del
pasado patricio de su familia en Nueva Inglaterra, George W. Bush
se presenta como un hombre campechano, un "grandullón" de
Tejas que sabe poco de la gran política pero mucho de cómo "sumar
fuerzas en lugar de dividirlas".
Mucho más desenfadado,
simpático y superficial que su contrincante, el vicepresidente Al
Gore, ha conseguido contactar con millones de estadounidenses indecisos
que prefieren tener en la Casa Blanca a una persona de carne y hueso.
Consciente
de que su principal problema es de imagen, Gore, un candidato con
un historial más serio que Bush, presenta un discurso moderadamente
progresista y para lograr el voto afroamericano ha empleado un método
que prefiere no exhibir ante otra clientela: el apoyo de Bill Clinton,
el presidente norteamericano más popular entre esta comunidad. "El
primer presidente negro", como le calificó la escritora afroamericana
Toni Morrison en pleno caso Lewinsky.
Los
recursos de Gore
Gore dispone de recursos y domina el escenario
norteamericano: de la izquierda al centro
derecha. Puede volver a ser el vicepresidente
cuando se trate de hacerse fotos con líderes
extranjeros o anunciar buenos resultados
económicos, y puede ser el candidato Gore
para desmarcarse del comportamiento de
Clinton en el caso Lewinsky o declarar
que no está plenamente satisfecho de los
resultados sociales del Gobierno demócrata
en los últimos siete años. Puede apelar
a Hollywood y proclamarse defensor de
los negros, los hispanos y las mujeres.
Con la meticulosidad que le caracteriza,
el demócrata tiene como filosofía la prosperidad
en el Estados Unidos mayoritario, el de
las clases medias de las viviendas unifamiliares
y el de los suburbios.
No obstante, a escasos días de la cita
con las urnas, el gobernador de Tejas
adelantaba tanto en voto popular como
en voto de colegio electoral a Gore, según
varias encuestas de ABC News CNN-USA
Today-Gallup.
Por ello, al
candidato demócrata no le queda más remedio que esforzarse para
arañar algunos votos del candidato del Partido verde, Ralph
Nader, -con un potencial del 5% del electorado estadounidense.
El número dos de Gore, Joseph Lieberman, intentaba en última
instancia apelar a los progresistas erigiéndose en los principios
del tercer candidato Nader como la protección del medio ambiente,
la protección de los consumidores y la protección del derecho de
las mujeres a escoger [en materia de aborto]".
La
"minoría" femenina
Las mujeres
votan tradicionalmente a los demócratas, pero su fidelidad varía
en función del programa del candidato y, a lo largo de la campaña
Bush ha hecho mella en el bastión femenino. Por ello, en la recta
final para movilizar la totalidad del voto progresista, y en particular
el de las mujeres, Al Gore y sus partidarios presentaban a George
W. Bush como una amenaza para el derecho al aborto.
La cerrada
contienda electoral tiene a los estrategas diseñando exhaustos el
calendario de viaje de los candidatos, con el ojo puesto en las
encuestas de los estados indecisos que van a decidir el triunfador
como Florida, Pensilvania, Ohio, Michigan, Minesota, Misuri, Tennessee
y Washington, que suman en conjunto 130 votos electorales; Florida,
con 25 votos electorales; Pensilvania (23), Ohio (21) y Michigan
(18), que suman en total 87 votos electorales, son los estados que
podrían decidir el triunfador.
Mujeres, internautas,
colectivos de homosexuales, la clase trabajadora y estrellas de
Hollywood podrían decantarse a priori por las tesis esgrimidas
por el candidato demócrata. No obstante, en Silicon Valley, paraíso
del dinero generado a raíz de la nueva economía han sido
más generosos con George Bush que con Al Gore, a pesar de la mayor
relación de este último con el desarrollo de la red.
Quizás, ni
con todo el firmamento de actores de Hollywood al completo ni con
el apoyo de la comunidad norteafricana, podría emular Gore el éxito
de su predecesor Bill Clinton, el presidente que más le ha gustado
a la Meca del cine desde John Kennedy.
|