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7
de noviembre
El
voto consagra la división del poder en EE UU
Clinton
refuerza su poder y los republicanos mantienen el control del Congreso
ANTONIO
CAÑO, Washington
Los principales dirigentes de la oposición prometieron darle al
presidente una pequeña luna de miel en la que todos se esfuercen
por buscar los aspectos en que coinciden. «Creo que deberíamos trabajar
con él, darle una oportunidad de que dirija al país en la dirección
en que ha prometido en la campaña. Y si lo hace así, tendríamos
que ser capaces de encontrar un terreno común para hacer las cosas
que Estados Unidos necesita en el año 1997», manifestó Newt Gingrich,
quien vuelve a ser el principal interlocutor republicano como presidente
de una Cámara de Representantes en la que los conservadores pierden
algunos escaños pero siguen dominando.
Los republicanos,
en cambio, mejoran ligeramente su posición en el Senado, que toma
también un cariz más derechista, si se juzga por las ideas de sus
nuevos miembros. El líder de la mayoría republicana en la Cámara
alta, Trent Lott, prometió también colaborar con el presidente «si
es sincero sobre las posiciones que ha tomado durante la campaña».
Pero todo el
mundo sabe que las promesas de colaboración chocarán muy pronto
con la dura realidad que viene por delante: comisiones de investigación
sobre la conducta de Clinton, presupuesto, reducción de impuestos
y polémicas decisiones de política exterior, como la extensión del
plazo para el estacionamiento de tropas estadounidenses en Bosnia.
Advertencia
republicana
El propio Lott
ha advertido: «Si Clinton vuelve a la forma en que actuó en los
primeros dos años de Estado gigantesco, Estado interventor y aumentos
de impuestos, nosotros por supuesto estamos preparados para plantearle
batalla». El líder de la mayoría en el Senado anunció, para empezar,
que el comité de Comercio podría abrir, en cuanto empiece el próximo
curso político, una investigación sobre las denuncias de financiación
ilegal de la campaña electoral del Partido Demócrata.
Clinton regresó
ayer a Washington desde Little Rock para disfrutar, aunque sea por
unos días, de su rotundo triunfo. El presidente ganó en 31 de los
50 Estados del país y consiguió 379 compromisarios, lo que supone
una ventaja apabullante en términos de votos electorales sobre Bob
Dole, que sólo obtuvo 159 compromisarios. Los compromisarios son
los que formalmente votan por el presidente.
En cuanto a
votos populares, todavía era incierto anoche si Clinton sobrepasaría
la barrera psicológica del 50%, lo que en el último medio siglo
sólo ha alcanzado otro presidente demócrata, Lyndon Johnson. En
todo caso, de no llegar a la mitad de los votos, Clinton se quedaría
sólo a unos pocos miles de sufragios de esa cifra, y con ocho puntos
de ventaja sobre el candidato republicano. No se trata de un resultado
humillante para Dole, pero sí, como coinciden los principales medios
de comunicación norteamericanos, de un triunfo holgado y contundente.
«Creo que el
presidente siente que ha conseguido un fuerte mandato del pueblo
norteamericano para completar su programa en los próximo cuatro
años», declaró el jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Leon Panetta.
Bob Dole recuperó
en el último momento el tono caballeroso que le había distinguido
a lo largo de su carrera para aceptar elegantemente su derrota.
«Duele perder una elección», admitió, «pero les pido que se mantengan
unidos para pelear por las buenas causas». Dole amaneció ayer sin
trabajo después de medio siglo de dedicación a la política. Pero
quizás esa situación no se prolongue demasiado, porque es probable
que Clinton le encargue algún cometido en su siguiente Administración.
Ayer mismo
comenzaron a circular las noticias sobre los próximo relevos: el
secretario de Estado, Warren Christopher, y el secretario de Comercio,
Mickey Kantor, fueron los primeros que comunicaron al presidente
su intención de abandonar la Administración. El secretario de Defensa,
William Perry, por su parte, dijo que hablaría con el presidente
sobre su futuro a finales de esta semana.
Triunfo
de las encuestas
Las elecciones
del martes, que suponen, entre otras cosas, el triunfo de los métodos
de encuestación, dan al presidente Clinton la posibilidad de empezar
de nuevo sin repetir los errores que conviertieron en un calvario
sus dos primeros años de gestión. Más maduro, más experimentado
y más convencido de la necesidad de ocupar el centro político, Clinton
tiene ahora la oportunidad de pasar a la historia como uno de los
más importantes presidentes de su partido.
Los republicanos,
por supuesto, tratarán de impedirlo. Pero también ellos han aprendido
de lo caro que se pagan los extremismos en Washington. Al controlar
el Congreso, el Partido Republicano seguirá determinando la agenda
política del país, pero ahora deberá hacerlo de forma más prudente,
más negociada, con mayor respeto a la posición de la Casa Blanca.
Una de las
mayores incertidumbres de los próximos cuatro años es el destino
de las investigaciones sobre corrupción. Cualquiera de los casos
abiertos (Whitewater, Filegate, Conexión Asiática) tiene potencial
suficiente para destruir el segundo mandato de Bill Clinton.
Christopher
dice adiós y Perry se lo piensa
A. C.,
Washington
El secretario de Estado, Warren Christopher, ha sido el primer miembro
del Gabinete que presentó la dimisión inmediatamente después de
conocerse la reelección de Bill Clinton. Otros muchos cambios de
altos cargos se esperan para antes de que Clinton retome posesión,
el próximo 20 de enero.
Christopher
viajó el martes a Little Rock para comunicarle a Clinton su decisión
de abandonar, aunque seguirá en el cargo hasta la formación del
próximo Gobierno.
Madeleine Albright,
embajadora ante la ONU; Richard Holbrook, el arquitecto de los acuerdos
de paz en Bosnia, y el ex senador George Mitchell, actual mediador
en Irlanda del Norte, son los nombres que más se mencionan para
conducir en el futuro la política exterior de EE UU.
El secretario
de Defensa, William Perry, rectificó anoche a las fuentes del Pentágono
que habían anunciado su renuncia y dijo que discutiría su futuro
con el presidente en los próximos días. «No he entregado una carta
de dimisión. A finales de semana discutiré con él lo que pienso
hacer y lo que él querría que hiciese», afirmó.
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