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- Elecciones 1996  


9 de noviembre
Clinton tiende la mano a los republicanos en su nuevo mandato

JAVIER VALENZUELA, Washington
El presidente de EEUU, Bill Clinton convocará la próxima semana a los líderes de la mayoría republicana y la minoría demócrata en el Congreso para intentar consensuar la continuidad de la política de reducción del déficit presupuestario, según anunció ayer en la Casa Blanca en su primera conferencia de prensa tras su reelección, el pasado martes, y asimismo la primera en muchos meses. Clinton sólo puso una condición a esa reducción: que le permita cumplir su promesa electoral de otorgar la «máxima prioridad a la educación» en la construcción de su ya famoso «puente hacia el siglo XXI».

Adoptando una posición centrista, el recién reelegido presidente reiteró que el gran mensaje enviado el martes por los electores se resume en que «demócratas, republicanos e independientes superen sus divisiones». Clinton añadió que una tarea urgente de su Ejecutivo, que también desea consensuar, es «reformar la financiación de las campañas electorales». La polémica sobre su elevado costo, las interesadas donaciones efectuadas por los particulares y las empresas a los dos principales partidos y, en el caso de los demócratas, las aportaciones de extranjeros -el llamado Indogate, los fondos donados por empresarios indonesios- han oscurecido las últimas semanas de la pasada campaña. El escándalo ha ido creciendo hasta convertirse en la primera nube que pesa sobre el segundo mandato de Clinton.

Clinton anunció también el nombramiento de Erskine Bowles, banquero y hombre de negocios de Carolina del Norte de 51 años, como jefe del Gabinete de la Casa Blanca en sustitución de Leon Panetta. Éste, considerado en Washington como la persona que, tras dos años iniciales de espontaneidad, improvisación y caos, puso orden en la primera presidencia de Clinton, había expresado su deseo de abandonar el puesto para regresar a su California natal y prepararse allí para competir en 1998 por el puesto de gobernador de ese Estado. Bowles había sido adjunto de Panetta en el Gabinete presidencial, cargo que abandonó en diciembre para incorporarse a una empresa de inversiones.

Los comentaristas políticos norteamericanos subrayan la insólita amplitud de los cambios que se están produciendo o van a producirse próximamente en la Casa Blanca. En casos como el de Panetta o el del secretario de Estado, Warren Christopher, cuya dimisión se hizo oficial el pasado jueves y que aún no tiene sustituto, se trata de abandonos voluntarios debidos a la fatiga y al deseo de recuperar sus vidas familiares y sus carreras profesionales. Pero en otros, como el de previsibles próximos ceses de los secretarios de Energía, Hazel O'Leary, Vivienda, Henry Cisneros, y Transporte, Federico Peña, parece prevalecer la voluntad del presidente de desembarazarse de personas que han sido muy criticadas por la mayoría republicana en el Congreso y los medios de comunicación.

No puede descartarse que Clinton aproveche esta profunda remodelación para reforzar su imagen centrista dando entrada en el Ejecutivo a republicanos moderados, incluido tal vez el ex general Colin Powell.

El jefe del Gabinete es la segunda persona más poderosa de la Casa Blanca después del propio presidente. Él establece buena parte de la agenda de su jefe y administra el acceso directo a su persona. Bowles, muy leal a la persona de Clinton, su compañero frecuente en partidas de golf y uno de los encargados de recolectar fondos para su primera campaña presidencial, la de 1992, se negó a testificar sobre el presidente delante del comité del Senado que en 1995 investigó ese oscuro caso inmobiliario conocido como Whitewater. El pasado agosto, Bowles fue la persona encargada por Clinton de solicitar la dimisión de Dick Morris, el estratega de la campaña electoral del presidente acusado de haber sostenido una larga relación con una prostituta.

 


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