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9
de noviembre
Clinton
tiende la mano a los republicanos en su nuevo mandato
JAVIER
VALENZUELA, Washington
El presidente de EEUU, Bill Clinton convocará la próxima semana
a los líderes de la mayoría republicana y la minoría demócrata en
el Congreso para intentar consensuar la continuidad de la política
de reducción del déficit presupuestario, según anunció ayer en la
Casa Blanca en su primera conferencia de prensa tras su reelección,
el pasado martes, y asimismo la primera en muchos meses. Clinton
sólo puso una condición a esa reducción: que le permita cumplir
su promesa electoral de otorgar la «máxima prioridad a la educación»
en la construcción de su ya famoso «puente hacia el siglo XXI».
Adoptando
una posición centrista, el recién reelegido presidente reiteró que
el gran mensaje enviado el martes por los electores se resume en
que «demócratas, republicanos e independientes superen sus divisiones».
Clinton añadió que una tarea urgente de su Ejecutivo, que también
desea consensuar, es «reformar la financiación de las campañas electorales».
La polémica sobre su elevado costo, las interesadas donaciones efectuadas
por los particulares y las empresas a los dos principales partidos
y, en el caso de los demócratas, las aportaciones de extranjeros
-el llamado Indogate, los fondos donados por empresarios
indonesios- han oscurecido las últimas semanas de la pasada campaña.
El escándalo ha ido creciendo hasta convertirse en la primera nube
que pesa sobre el segundo mandato de Clinton.
Clinton anunció
también el nombramiento de Erskine Bowles, banquero y hombre de
negocios de Carolina del Norte de 51 años, como jefe del Gabinete
de la Casa Blanca en sustitución de Leon Panetta. Éste, considerado
en Washington como la persona que, tras dos años iniciales de espontaneidad,
improvisación y caos, puso orden en la primera presidencia de Clinton,
había expresado su deseo de abandonar el puesto para regresar a
su California natal y prepararse allí para competir en 1998 por
el puesto de gobernador de ese Estado. Bowles había sido adjunto
de Panetta en el Gabinete presidencial, cargo que abandonó en diciembre
para incorporarse a una empresa de inversiones.
Los comentaristas
políticos norteamericanos subrayan la insólita amplitud de los cambios
que se están produciendo o van a producirse próximamente en la Casa
Blanca. En casos como el de Panetta o el del secretario de Estado,
Warren Christopher, cuya dimisión se hizo oficial el pasado jueves
y que aún no tiene sustituto, se trata de abandonos voluntarios
debidos a la fatiga y al deseo de recuperar sus vidas familiares
y sus carreras profesionales. Pero en otros, como el de previsibles
próximos ceses de los secretarios de Energía, Hazel O'Leary, Vivienda,
Henry Cisneros, y Transporte, Federico Peña, parece prevalecer la
voluntad del presidente de desembarazarse de personas que han sido
muy criticadas por la mayoría republicana en el Congreso y los medios
de comunicación.
No puede descartarse
que Clinton aproveche esta profunda remodelación para reforzar su
imagen centrista dando entrada en el Ejecutivo a republicanos moderados,
incluido tal vez el ex general Colin Powell.
El jefe del
Gabinete es la segunda persona más poderosa de la Casa Blanca después
del propio presidente. Él establece buena parte de la agenda de
su jefe y administra el acceso directo a su persona. Bowles, muy
leal a la persona de Clinton, su compañero frecuente en partidas
de golf y uno de los encargados de recolectar fondos para su primera
campaña presidencial, la de 1992, se negó a testificar sobre el
presidente delante del comité del Senado que en 1995 investigó ese
oscuro caso inmobiliario conocido como Whitewater. El pasado agosto,
Bowles fue la persona encargada por Clinton de solicitar la dimisión
de Dick Morris, el estratega de la campaña electoral del presidente
acusado de haber sostenido una larga relación con una prostituta.
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