|
¿Dónde
está Clinton?
Muy
a su pesar, Bill Clinton se ha visto fuera de los focos de la campaña
por orden de los asesores de Gore, lo que ha hecho que su época
de lame duck (pato cojo) sea mucho más relajada de
lo que él hubiera deseado.
Al
final no pudo aguantar y Clinton se lanzó a la campaña. Ocurrió
sólo cinco días antes de la
votación, un retraso que él no quiso, pero a lo que se vio prácticamente
obligado. Nunca creyó William Jefferson Clinton que, tras ocho años
de presidencia, de explosión económica y de apuntalamiento del estado
de bienestar… iba a ser la referencia más buscada y menos encontrada
en la campaña electoral hacia el despacho oval de su delfín.
Cierto
es que los múltiples escándalos que han bombardeado la presidencia
de Clinton (caso Paula Jones, caso Whitewater, caso
Lewinsky…), alguno de los cuales ha cogido a Gore en plena línea
de fuego (la dudosa financiación del partido demócrata para
los comicios de 1996), han creado numerosos recelos en los asesores
de Gore.
Entre
éstos, el fantasma que sobrevuela la campaña de que
la presencia del presidente saliente en ésta daría
la impresión al electorado de que, más que el primer
mandato de Gore, los estadounidenses obtendrían la tercera
presidencia del ex gobernador de Arkansas pero sin su carisma.
Por ello, los directores de campaña de Gore han huido de presencias
conjuntas de ambos, salvo las estrictamente necesarias (una encuesta
de Gallup revelaba que el 40% de los entrevistados consideraba negativa
la irrupción de Clinton en la campaña).
Las
estrellas de la Convención
Por
lo visto, parece que razón no les falta. Fue en Los Angeles, en
agosto, en la Convención Demócrata en la que Clinton cedió definitivamente
los trastos a Gore. El candidato era éste, pero la estrella fue
aquél… y su esposa, Hillary
Rodham, que se juega un escaño de senadora por Nueva York y cuyas
relaciones con Gore no son de lo más cordiales.
Ésta,
y una cena para recaudar fondos en Los Angeles, han sido las únicas
veces en las que Gore ha tenido que plegar las velas ante el empuje
mediático y el carisma de Clinton.
De hecho, el vicepresidente sólo ha pisado una vez su despacho de
la Casa Blanca desde el pasado mes de mayo. Mientras, se ha pretendido
fabricar y mostrar a un Al Gore simpático, ocurrente, locuaz, improvisador
(cualidades que le sobran a Clinton) y hasta divertido en los late
shows de máxima audiencia. Incluso, cuentan que solicitó una
aparición en Los Simpsons, petición que fue denegada ante
la reticencia que mostró con la serie cuando ejercía de vicepresidente.
Hechos
que no concuerdan con la imagen que la mayoría de los estadounidenses
tenían de Al Gore (frío, metódico, calculador e infatigable trabajador
en la sombra), pero que comienzan a vislumbrar ahora. Algo que con
Clinton a su lado no sucedería, dado el control de los medios que
posee el actual mandatario. De hecho, y pese a que en un principio
proclamó que iba a apoyar en todo lo que pudiera a Gore, Clinton
ha estado, hasta ahora, apartado de la circulación todo lo que ha
podido.
La
crisis de Oriente Próximo ha
absorbido su tiempo en el exterior, mientras que en el interior,
su etapa de lame duck (pato cojo, y que alude a la
etapa de los presidentes salientes en la que se supone que no tienen
mucho que hacer y en la que no reciben la atención de nadie
pues todo el mundo está pendiente de las elecciones) está
siendo de lo más suave, incluyendo un anuncio publicitario en el
que aparece recogiendo sus trastos y despidiéndose del personal
de la Casa Blanca. "Ya le he dicho a Al que mi principal objetivo
será quitarme de su camino, porque EE UU sólo puede tener un presidente",
confesó Clinton a Los Angeles Times en la pasada Convención Demócrata
del mes de agosto.
Una
máxima que, pese a los deseos del todavía presidente ya tenían muy
clara desde hace mucho tiempo los asesores
de Gore. Y es que éstos pretenden que la única aparición
conjunta de ambos sea cuando el ahora vicepresidente jure su cargo
en enero frente al Capitolio.
|