Una imagen vale más que un puñado de propuestas
En el primer debate, el maquillaje de Gore le hacía parecer, aún más, un muñeco de cera; el bronceado de Bush también era excesivo. Los dos corrigieron esos errores cosméticos en el segundo debate y perfeccionaron su aspecto en el tercero. Gore suspiraba y sonreía en el primer debate cuando Bush hablaba, pero dejó de hacerlo a partir del segundo cuando le dijeron que el gesto parecía petulante. A Bush le aconsejaron que tuviera cuidado con su sonrisa: tiende a convertirse en una mueca cargada de menosprecio.
A Gore le habían enseñado a mover las manos correctamente cuando estuviera de pie; las manos de Bush, en cambio, parecían dos apéndices inertes con los que se veía obligado a convivir. Por si esto fuera poco, la retransmisión permitía detectar cómo la espalda y los hombros de Bush adoptaban un arqueo poco favorecedor (la "curvatura de Nixon", la llaman los expertos en imagen). Gore parpadea la mitad que Bush, según explicaba un neurólogo en The Washington Post: el que más parpadea está más nervioso y miente más. Siempre ha ganado las elecciones el político que menos parpadea. Y el más alto de los dos contendientes. (Texto: Javier del Pino)