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Los
demócratas, en busca del sucesor de Clinton
Se
dirigen a la clase trabajadora, cuentan
con el apoyo expreso de Hollywood y encabezan
su lista de ilustres presidentes con J.
F. K.
El
Partido Demócrata, hoy federalista confeso, nace en 1790 en defensa
de los agricultores, contra un gobierno federal fuerte y aglutinado
en torno a Thomas Jefferson.
Este gen
antifederalista se topó con el proyecto de los demócratas del norte
de abolir la esclavitud, a pesar de la oposición de sus correligionarios
sureños. La cuestión se dirimió en la cruenta guerra de secesión.
Este
conflicto entre los demócratas, que cargaron durante años con el
estigma de la deslealtad, mantuvo a los republicanos en el poder
hasta 1884. La Gran Depresión y la ineficacia de Hoover trae de
la mano a Franklin Roosevelt
y su New Deal.
Eisenhower arrebata la presidencia a los demócratas, que conservan
la mayoría en ambas Cámaras. El partido se izquierdiza con
Kennedy y Johnson
y su campaña por los derechos civiles de los negros, que acaba propiciando
la victoria de Nixon. Desde finales de los 60, el partido del burro
se va alejando peligrosamente de las clases medias hacia las élites
y las minorías, frente al populismo de Ronald Reagan, que arrasa
entre los trabajadores.
Hasta
la llegada de Bill Clinton en
1992, que pone fin a más de una década de sequía, los demócratas
sólo tienen un presidente, Jimmy Carter,
al que el caso Watergate regaló el puesto. Clinton llegó
a gobernar la Casa Blanca, el Senado y la Cámara de Reprentantes.
Su
fiel escudero, Al Gore, trata
ahora de evitar una vuelta de los conservadores a la Casa Blanca,
lidiando con Bush y con la sombra del Sexgate de Clinton.
El
origen de su mascota oficiosa,
el burro, se encuentra en la crítica a la terquedad demócrata
que hizo un dibujante a mediados del siglo pasado. De ahí a las
camisetas y los pins, un paso.
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