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'Burros', 'elefantes' y demás fauna política

No hay ninguna ley escrita, pero la política de EE UU lleva más de un siglo dominada por dos partidos hegemónicos, a la espera del nacimiento de una tercera fuerza

Aunque todo el mundo crea que en EE UU no hay más que elefantes y burros en política, el panorama es amplio, aunque muy minoritario y con escasas posibilidades de alcanzar algún día la Presidencia.

Las peculiaridades del sistema político estadounidense han hecho que la disputa por la Casa Blanca se centre en dos grandes partidos, pero la Constitución ni siquiera menciona su existencia. Ambos surgieron a finales del mandato de George Washington pero, de haber sido por él, estarían desterrados.

"Sólo sirven para que actúe, en lugar de la voluntad de la nación, una minoría pequeña pero astuta y atrevida. Probablemente, al correr del tiempo se conviertan en motores poderosos mediante los cuales hombres sin principios y ambiciosos podrían usurpar las riendas del gobierno para sus propios fines", sentenciaba el mítico presidente.

Los orígenes

Las primeras formaciones fueron el Partido Federalista de Hamilton y el Antifederalista o Republicano de Jefferson. Hacia 1820, el Federalista estuvo a punto de desaparecer por la fuerza y número de sus oponentes. El Antifederalista o Republicano también tuvo sus problemas y, por discrepancias internas, se separó en el Republicano Nacional (de Quincy Adams, que se disolvió 40 años después) y el Demócrata Republicano (el actual Demócrata).

A pesar de las objeciones de Washington, los partidos estadounidenses están lejos de tener la rígida estructura que preside a sus homólogos europeos, que han llegado a construir auténticas partitocracias. Dada la variedad de orígenes y culturas que forman el país, ni son formaciones compactas ni ideológicas sino grupos pragmáticos y moderados sin disciplina de voto y con gran autonomía local.

Los programas de los dos principales partidos son muy similares, con los mismos objetivos pero distintas vías para obtenerlos y algunos matices. Ésta, junto con la complejidad del sistema electoral, es la segunda causa de la escasa participación en los comicios. Sólo así se explica que "un político demócrata vote republicano", la influencia de los lobbies (grupos de presión), los frecuentes trasvases o el amplio espectro de posturas que conviven dentro de una misma formación.


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