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Todos
los nombres
Expertos
y grises, ninguno de los 'presidenciables' destaca por ser el que
los estadounidenses ansían: un hombre de la calle que les
hable en su idioma mientras despliega una maravillosa sonrisa
Las
elecciones del 2000 no presentan caras nuevas ni las dotes de liderazgo
que el cargo precisa. Son hijos de las grandes dinastías
políticas como Gore y
Bush que han elegido a un valor
seguro como complemento ideal (Lieberman
aporta moralidad a los demócratas tras la pesadilla Lewinsky
y Cheney, sus conocimientos de
política exterior a un Bush demasiado local). Junto
a ellos, viejos veteranos intentarán aumentar el techo electoral
de sus minoritarios partidos como el ex republicano Buchanan
(hoy reformista), el libertario Brown,
el naturalista Hagelin o la estrella
de los chicos de Seattle, Ralph Nader.
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