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1996

2000

 


- Sistema electoral  

¿Cómo se elige al presidente?

La carrera presidencial estadounidense es un complejo y largo maratón en tres tiempos que comienza con unas primarias dentro de los partidos y acaba con un puro formalismo en el que 538 personas eligen al mandatario en nombre del pueblo

La paradoja de una de las democracias más presidencialistas del mundo es que el pueblo no elige directamente a su presidente, sino que vota en cada Estado un número de electores, que, a su vez, designan por mayoría absoluta al presidente y vicepresidente "el lunes siguiente al segundo jueves de diciembre".

Previamente, las formaciones han celebrado sus primarias o caucus en cada estado, de las que sale, tras pasar por una populosa y colorista Convención, el nombre del candidato oficial de cada partido. En total, los estadounidenses invierten un año en saber quién será su presidente los siguientes cuatro.

El sistema, tan viejo como la Constitución (1787), es tan complicado que, a pesar de aprenderse en las escuelas, se olvida y es una de las principales fuentes de la abstención histórica, que llega a rozar el 60%.

A pesar de la confusión y de las críticas que provoca, sólo se pude cambiar por medio de una enmienda a la Constitución, que debe proponer el Congreso con el apoyo de dos tercios de ambas cámaras y dos terceras partes de los estados deben ratificarla.

Sin embargo, hay una poderosa razón para dejar las cosas como están: los controles y equilibrios que establece esta fórmula, el famoso check and balance en el que se basa todo el sistema político. Los padres fundadores de la República establecieron el voto indirecto para proteger los intereses de los Estados más pequeños y garantizar que los grandes no colocarán en la Presidencia a su ‘hombre fuerte’.

Salida: los candidatos oficiales

En esta fase radica la apertura del sistema. Si en Europa son los partidos los que deciden el nombre de su candidato, en EE UU las formaciones ofrecen una lista de presidenciables que votan los electores (primarias) o los comités locales (caucus).

De esta primera votacion no sale un nombre, sino unos 4.000 delegados adeptos a una u otra candidatura que deben volver a votar. Así, la pugna por la candidatura oficial se reproduce en cada uno de los Estados y la consigue el que obtiene la mayoría absoluta de delegados en la convención de su partido, que se celebra en el verano del año electoral.

Para un español, ver cómo se enfrentan entre sí los aspirantes de un mismo partido es todo un espectáculo, que tiene sentido en EE UU porque las formaciones son más pragmáticas. Es decir, que la política va a depender del talante de la persona que finalmente se siente en el Despacho Oval más que del programa, programa, programa de su partido.

En el caso de las primarias, los votantes se inscriben en el partido que prefieran. Este proceso está abierto a todos y no sólo a los afiliados, porque la militancia con carné es tan baja que no tendría ningún tipo de representatividad.

Ya sea por la vía de las primarias (agotadoras y con multitud de fórmulas) o por caucus (en varias fases), los delegados llegan a las convenciones nacionales de los partidos pertrechados de pancartas, chapas, gorros, serpentinas y globos, un puro teatro en el que ya se sabe quién va a ganar. El nominado candidato oficial se da su primer baño de masas, propone a su vicepresidente, que se acepta mayoritariamente sin rechistar, y da su discurso clave, que contiene las líneas generales de su programa de Gobierno.

Sólo entonces, comienza la verdadera campaña electoral, una fase curiosamente más corta que las anteriores, en la que se retocan los programas para captar a los indesisos y a los que preferían a un rival derrotado. Es el momento de los anuncios en televisión, de los debates y de las giras por los estados en donde la candidatura es más frágil.

Prueba de fuego: el Colegio Electoral

"El martes que sigue al primer lunes de noviembre", en este caso el 7 de noviembre, los ciudadanos de cada estado eligen tantos electores presidenciales como representantes tenga en el Congreso federal, que posteriormente serán los que decidan el nombre del presidente.

El número de electores presidenciales varía de 3, que tienen Columbia, Wyoming, Alaska y las dos Dakotas, a los 54 de California o los 33 de Nueva York. En total, son 538 electores, un honor al que no pueden optar ni congresistas ni funcionarios federales.

Por un sistema mayoritario simple, el ganador en cada circunscripción electoral, aunque sea por un solo voto, obtiene todos los sufragios emitidos en ese estado. Es decir, que gana todos los votos electorales de cada Estado el candidato oficial que más votos populares tiene, excepto en Maine y Nebraska, donde se aplica el sistema proporcional.

Pero, para ser presidente, se necesita la mayoría absoluta de esos votos electorales, es decir, 270.

Llegada: la elección final

Aunque la incógnita desaparece incluso incuso antes de que se publiquen los resultados -a unas horas del cierre de los colegios en el oeste gracias a la precisión de los sondeos-, los miembros del colegio electoral depositan su voto formalmente en el Congreso de su respectivo Estado.

Las urnas se envían al presidente del Senado federal que hace el recuento el 6 de enero. Si ninguno de los candidatos obtuviera los 270 votos, existe un procedimiento subsidiario en el que la Cámara de Representantes elige al presidente y el senado al vicepresidente.Tras jurar los cargos, los flamantes presidente y vicepresidente toman posesión el 20 de enero.

Obstáculos en el camino

Este sistema produce algunas situaciones tan infrecuentes como inverosímiles. Una de ellas es que un candidato puede perder la presidencia a pesar de ganar el voto popular, como le ocurrió a Hayes en 1876, a Harrison en 1888 y como puede ocurrir en el 2000.

La pesadilla de estas reñidas elecciones es que podría producirse no sólo esta anomalía -un Bush vencedor del voto popular y un Gore ganador del Colegio Electoral-, sino también un empate en votos electorales, como en 1800 con Thomas Jefferson y en 1824, con John Quincy Adams.

Otra rareza del sistema es la posibilidad del desmarque: los compromisarios no están obligados por ley a votar al candidato de su partido -al igual que tampoco tienen el voto vinculado los delegados de las Convenciones-. Pero los casos de desobedicencia al candidato son contados.


LA CARRERA PRESIDENCIAL


Salida: los candidatos oficiales


Prueba de fuego: el Colegio Electoral

Llegada: la elección final

Obstáculos en el camino


PROCESO Y SONDEOS
Gráfico interactivo

PROGRAMAS ELECTORALES
Gráfico interactivo

IMÁGENES DE LA CAMPAÑA

EL DEBATE TELEVISIVO
Gráfico interactivo

 

 



La elección de los candidatos oficiales de los partidos se decide en unas elecciones primarias a las que se asiste con una chistosa parafernalia (Ap).

 

 

 

 


La fase de la campaña electoral se centra en los debates y en los anuncios televisivos y en los mítines en todos los estados (Ap).


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