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Las
encuestas no depejan la duda
Un
estrecho margen separa a los dos candidatos en los estudios de las
empresas demoscópicas
Nunca
como hasta ahora había sido tan justa la certeza de que el mejor
sondeo se realiza cuando se abren las urnas. Al Gore y George Bush
llegan al martes en un hilo después de una megacampaña en
la que se han triturado millones de dólares, muchos de los cuales
han sido gastados gracias a las miles de encuestas que vaticinaban
un gran número de indecisos y
una igualdad brutal.
No
siempre fue así. Mientras ambos candidatos se batían en sus propios
gallineros, no había sondeo de Este a Oeste del país que
no diera como ganador al actual vicepresidente. Es más, incluso
las encuestas ofrecían un curioso dato: Gore tendría más problemas
para derrotar a Bill Bradley
que a cualquiera de los candidatos republicanos. De hecho, Bush
se las tuvo tiesas con el héroe de guerra John McCain,
tanto en los sondeos como a pie de campo.
La
remontada de Bush
No
obstante, cuando la maquinaria electoral de Gore alejó al ex jugador
de los Knicks de su horizonte e inició el cuerpo a cuerpo con su
verdadero rival, la cosa se empezó a torcer. En todas las encuestas,
Bush comenzó a subir como la espuma, llegando a colocarse en cifras
tales como 10 puntos por encima
del candidato demócrata en lo que a intención de voto se refiere.
Después,
tras las convenciones Demócrata y Republicana, las cifras comenzaron
su particular batalla. Dependiendo del tipo de campaña que cada
candidato hiciera cada día, la intención de voto subía o bajaba
en las encuestas de los medios de comunicación más importantes del
país.
Los
debates aclararon poco y resultaron un filón para las empresas demoscópicas
que siguen día a día la opinión de los estadounidenses. Y es que,
con dos candidatos moviéndose en el 45% (punto más o punto menos
según el día), quizá la clave esté en la invariable raya verde del
3% que acompaña desde hace meses al nombre de Ralph Nader.
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