Viene de primera página
Se abrió así el libro de la vida para la ciencia y todo cambió. Nació la ingeniería genética y su consecuencia, la biotecnología. Las bacterias fueron modificadas para convertirse en fábricas de sustancias de interés, como los medicamentos, y las modificaciones fueron escalando los peldaños de los seres vivos hasta llegar al ser humano. Las micromanipulaciones también se introdujeron en los procesos reproductivos. Primero fue la inseminación artificial, luego nacieron los primeros niños probeta, las primeras ovejas clónicas. En genética, sin embargo, los avances se producían paso a paso, gen a gen, a medida que se encontraban éstos y se les buscaban aplicaciones. Faltaba el plano general genético, el genoma de cada ser vivo en cuestión, en el que se pudiera investigar sistemáticamente.
En los años ochenta se empezó a plantear la posibilidad de atacar la enorme fortaleza de los genomas completos, y sobre todo del humano, pero los plazos parecían muy largos. Las primeras sorpresas surgieron cuando se pudo disponer de suficientes genes como para comprobar que muchos, muchos de ellos son comunes a animales tan dispares como gusanos, moscas, ratones y seres humanos. Entonces los genomas de animales se revalorizaron. Mientras tanto, seguían los esfuerzos por describir completamente el código genético humano, que se aceleraron hace apenas un año y ahora han dado como fruto los primeros borradores completos. Esto sólo es el principio, y se abren tantas puertas, muchas de ellas hacia áreas inquietantes, que se justifica la afirmación de que este siglo que empieza será el de la biología. ¿El ser humano alcanzará la frontera final de su propio destino cuando, en la Era del Genoma, disponga de los planos para rediseñar su propia especie?, afirman, por ejemplo, Craig Venter y Daniel Cohen, dos de las protagonistas de esta historia.