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Los años de la Reconquista
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El rey Felipe en el año dos mil y pico
 

25 años de monarquía

Informes de la Embajada de EE UU al Departamento de Estado sobre la sucesión

Texto de los documentos redactados en 1968 y 1969 por representantes norteamericanos en Madrid, Angier Biddle Duke y Robert Hill, tras entrevistarse con don Juan Carlos


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Memorándum de conversación
Participantes: Su Alteza Real el Príncipe Juan Carlos de Borbón
Embajador Duke
Lugar: Palacio de la Zarzuela, Madrid
Fecha: 28 marzo de 1968

El príncipe Juan Carlos me recibió solo en su residencia oficial, el palacio de la Zarzuela, aproximadamente a las 6 de la tarde, y conversamos unos cincuenta minutos. Después de intercambiar algunos comentarios personales, mencioné las otras visitas de despedida, y le comenté que había mantenido una conversación de media hora con el jefe del Estado.

El príncipe Juan Carlos aprovechó este comentario para decir que sus conversaciones con Franco también duraban casi siempre ese tiempo. Dijo que Franco lo trataba de manera paternal, dándole consejos amistosos, pero sin decirle nunca nada definitivo. Como consecuencia de ello, añadió Juan Carlos, nunca sabía realmente cuál era su exacta posición política. Por una parte, Franco le decía que fuese un hijo leal a su padre, pero por la otra, y más recientemente, le insistía en que Juan Carlos tenía ya 30 años, que dependía de él mismo y que si quería conseguir algo tendría que esforzarse para alcanzarlo.

Había respondido a Franco, continuó Juan Carlos, que si le dieran a elegir no tendría duda: su padre era el primero (en la línea de sucesión) y, por tanto, no seguiría el consejo de Franco de competir por el puesto.

Sin embargo, me explicó a continuación, no tendría por que haber necesariamente una opción o alternativa. Le había dicho a Franco, añadió, que correspondía al jefe del Estado resolver el problema sucesorio antes de morir, porque si no lo resolvía la Monarquía nunca volvería a España. Juan Carlos había urgido a Franco a cumplir su promesa en vida.

Juan Carlos me dijo que, en respuesta, Franco le había preguntado si, en el caso de ser elegido, aceptaría el puesto de sucesor. Juan Carlos había contestado que sí; que si Franco, el Consejo de Regencia, las Cortes, etcétera, lo querían a él, y si no había otra opción, aceptaría. Juan Carlos me recalcó que creía que en tales circunstancias su deber consistía en aceptar la llamada y que no podía rechazarla.

Juan Carlos siguió diciéndome que cuando su padre, don Juan, vino para el bautizo de Felipe, le había contado sus conversaciones respecto a este tema con Franco. Le había explicado a su padre que si le ofrecían la posibilidad de elegir, era una cosa, pero que si simplemente lo nombraban mediante un proceso constitucionalmente establecido, no veía otra alternativa que la de cumplir con su deber. Juan Carlos dijo que al principio su padre se quedó impresionado, después se puso triste y pensativo, y al final dijo que estaba de acuerdo en que si no había alternativa, Juan Carlos no debía rechazar la sucesión. Insistió en que su padre se había mostrado de acuerdo en que si lo rechazaba no era probable que España acudiese al padre, y la monarquía nunca volvería al país. Pero aunque estaba de acuerdo en este sentido, don Juan dijo que pensaba que lo más probable era que Franco no nombrase a Juan Carlos su sucesor. Juan Carlos dijo que su padre no creía, y obviamente esa creencia lo animaba, que Franco anunciase su decisión antes de morir.

En el transcurso de la conversación que mantuvimos sobre este tema, Juan Carlos me preguntó cómo pensaba que se desarrollaría la sucesión. Yo le dije que pensaba que si Franco muriese inesperadamente, sin solucionar los preparativos para la sucesión, habría un periodo de conmoción en el que aquellos con verdadera influencia tenderían probablemente a hacer lo indicado, es decir, llamar a don Juan al trono. Juan Carlos comentó que eso sería muy malo para el país. Su padre, dijo, estaba demasiado alejado de la realidad política española para captar realmente lo que estaba pasando. Dijo que mi evaluación podría ser correcta respecto a la probable inclinación de los líderes del Gobierno en el momento de la decisión pero, preguntó, ¿qué sucedería en las Cortes? Dijo que no estaba en absoluto seguro de que las Cortes estuvieran dispuestas a aceptar a su padre en el trono. Y reiteró este punto diciendo que quizá el Consejo de la Regencia, quizá el Consejo del Reino, estarían de acuerdo con don Juan, pero la reacción de las Cortes, insistió, era una cuestión muy amplia. Le pregunté si no pensaba que el Ejército, preocupado por el mantenimiento de la ley y el orden, presionaría para que se adoptase una solución rápida, limpia y decisiva; ¿no pensaba él también, pregunté, que con este impulso el Ejército se inclinaría por la solución indicada y legal?

Juan Carlos dijo que pensaba que esto era posible, pero después añadió que no estaba completamente seguro de que el Ejército, en un sentido colectivo, siguiera esa dirección. Algunos de los líderes de más edad tenderían, seguramente, a seguir ese curso, pero, añadió, el Ejército también estaba madurando. Sin explicar esta observación, Juan Carlos prosiguió diciendo que esto desafortunadamente hacía más importante que Franco lo nombrase a él ahora, este año. Dijo que le había insistido mucho a Franco en que lo hiciera, que lo nombrase públicamente antes de que terminase el año. Franco, sin embargo, no se había comprometido; no había dicho que sí, explicó Juan Carlos, pero tampoco había dicho que no. El Príncipe dijo que piensa que es muy necesario que el propio Franco solucione este asunto, que Franco se presente ante las Cortes y anuncie que él, Juan Carlos, es su sucesor al trono.

Le pregunté en qué parte de la ecuación encajaba el puesto de presidente del Gobierno y la persona que lo ocuparía. Juan Carlos respondió que él y el vicepresidente, el almirante Luis Carrero Blanco, estaban de acuerdo en que sería mejor nombrar primero a un presidente del Gobierno, y nombrarlo pronto, ya que eso permitiría a Franco liberarse de cargas diarias como la agitación de los estudiantes y de los trabajadores. Obviamente, continuó Juan Carlos, sería mejor que Carrero Blanco fuese nombrado presidente antes de finales de abril, cuando se esperan nuevas manifestaciones de trabajadores, pero añadió que no veía ningún signo de que Franco fuese a tomar una decisión al respecto en un futuro próximo. En resumen, dijo, Franco debería nombrar a Carrero Blanco presidente del Gobierno ahora y en otoño anunciar que él, Juan Carlos, era el sucesor a la jefatura del Estado.

Le pregunté al Príncipe si creía que la mente de Franco pensaba en estas líneas. Juan Carlos dijo que sí lo creía, pero lamentaba las reservas de Franco para establecer fechas. Si Franco muriese sin nombrar sucesor a Juan Carlos, la monarquía se perdería, afirmó el príncipe. Comentó que su padre tenía cierta idea de convocar un referéndum popular para elegir sucesor, pero dijo que, obviamente, eso no funcionaria.

Con una referencia velada a lo que el Príncipe había dicho sobre los consejos que Franco le daba, le comenté que parecía salir más en las noticias ahora. Juan Carlos, aparentemente contradiciendo sus anteriores afirmaciones, confirmó que de hecho se estaba moviendo, yendo a donde lo invitaban y hablando con cualquiera. Dijo que recientemente cuatro militares de grado medio superior habían ido a hablar con él y, para sorpresa suya, habían manifestado una fuerte crítica respecto a Franco y el régimen, y se había visto obligado a pedirles que guardasen silencio. Juan Carlos dijo que el Ejército estaba muy descontento con la inactividad y falta de dinamismo del Gobierno y estaba preocupado por el futuro. Pero, añadió, de una forma poco clara, que el nasserismo en el Ejército no era hoy tan fuerte corno hace tres años.

Comentario: Juan Carlos recalcó que apreciaba enormemente que hubiese venido a despedirme. Aceptó de buen grado y con ganas hablar de las relaciones con su padre y con el jefe del Estado. En varios de sus comentarios dio a entender claramente que estaba en contacto casi permanente con el almirante Carrero Blanco, y que estaban de acuerdo respecto a lo que se debía hacer en el futuro. Juan Carlos mostró un atractivo sentido del humor, y a pesar de la gravedad de los temas discutidos no parecía tomarse a sí mismo demasiado en serio. A diferencia de su padre, parece evitar las discusiones sustanciales, las cuestiones de principio o teoría; prefiere concentrarse en las formas y los medios más que en los fines. No respondió a varias insinuaciones que le hice para hablar sobre temas políticos de actualidad, como Gibraltar, las bases militares y las relaciones entre España y Estados Unidos en general. Parece haber una cierta ingenuidad ciega en algunas de las opiniones políticas que expresó. Aun así, posiblemente sea fácil subestimar al Príncipe Juan Carlos, porque parece, sencillamente, un tipo joven y agradable.

Informe del embajador Hill
Desde la Embajada estadounidense en Madrid
Al Secretario de Estado en Washington, inmediato
Copia, Embajada en Lisboa
CONFIDENCIAL Madrid, 1 de agosto de 1969
Asunto: Sucesión. Jefe del Estado

1. Invitado por él, visité hoy al príncipe Juan Carlos en el palacio de la Zarzuela. La reunión duró 45 minutos. El Príncipe me pareció franco, deseoso de hablar sobre materias relacionadas con su nombramiento como príncipe de España, y sus planes para el futuro inmediato. Le entregué al Príncipe un modelo del Apolo XI Eagle y un modelo del F-100 en nombre del presidente Nixon. El príncipe escribirá al presidente directamente.

2. Juan Carlos dijo que muchos monárquicos le habían dicho que don Juan era su preferido, a lo que Juan Carlos replicó: "También el mío". El Príncipe recordó después la siguiente cronología: solicitó una audiencia con Franco en abril, pero aún no había sido recibido cuando fue a ver a sus padres a Estoril en junio. En Estoril le contó a su padre que Madrid estaba lleno de rumores de que Franco planeaba nombrarlo a él, Juan Carlos, heredero al trono. Estos rumores estaban reforzados por el hecho de que ciertos ministros del Gobierno preguntasen a Juan Carlos cuáles eran sus planes para el próximo verano. El Príncipe le dijo a su padre que, en su opinión, ambos conocerían las intenciones de Franco más o menos al mismo tiempo. Juan Carlos me comentó, entre paréntesis, que Franco no lo pondría en el aprieto de decírselo a él primero y obligarle a guardar el secreto ante su padre. Juan Carlos le dijo a su madre cuando ésta visitó Madrid a finales de junio que todavía no tenía ni idea de los planes de Franco. Elogió a su madre y habló de su ayuda y de la influencia que ella tenía en las relaciones de Juan Carlos con su padre. El 14 de julio, según Juan Carlos, don Juan le telefoneó. Juan Carlos informó a don Juan de que Franco aún no le había dicho nada, pero los rumores eran cada vez más fuertes. La mañana del 15 de julio, El Pardo llamó a Juan Carlos para una audiencia esa tarde. En esa audiencia Franco dijo a Juan Carlos que le nombraría príncipe de España y sucesor el 22 de julio. El 16 de julio se entregó una carta de Franco a don Juan notificándole la decisión del caudillo.

3. Juan Carlos dijo que ahora su padre se sentía profundamente dolido, pero como persona realista aceptaría con el tiempo la situación. Juan Carlos atribuye parte del problema de don Juan a que Motrico no le mantuviera al corriente de los rumores y sucesos de Madrid. Además, don Juan cree, según su hijo, que éste había sabido durante todo este tiempo las intenciones de Franco. Algo que Juan Carlos niega.

Es obvio que a Juan Carlos le disgusta Motrico y que cree que éste ha aconsejado mal a su padre. El Príncipe contó que Motrico había dejado la Embajada española en París hace unos cinco años diciendo a todo el mundo que le habían ofrecido un cargo elevado (posiblemente presidente) en el Gobierno de España. Cuando el nombramiento no se materializó, Motrico, resentido con el régimen, se puso en contacto con don Juan en Estoril, ofreciéndose a trabajar para él. Juan Carlos no oculta su impresión de que don Juan habría hecho bien en rechazar la oferta de Motrico.

4. El Príncipe afirmó que piensa que debe mirar al futuro, no hacia el pasado, que sabe que la monarquía no es "popular", y que su tarea es construir una monarquía moderna y viable, con apoyo popular. Yo me mostré plenamente de acuerdo con la necesidad de apoyo popular, desde mi experiencia en la política estadounidense. Añadí respetuosamente que pensaba que Juan Carlos debería concentrarse en conseguir el apoyo de la juventud y la clase trabajadora españolas.

Juan Carlos hizo el borrador de su discurso ante las Cortes -el primero que había pronunciado ante un grupo importante- pensando en el futuro, no en el pasado. Considera la ovación a la princesa Sofía, después de que él hubiese abandonado las Cortes, como prueba de apoyo a él más indicativa que la ovación que recibió directamente tras su discurso, cuando compartía la plataforma con Franco.

5. Juan Carlos declaró con franqueza que la imagen de España en el extranjero ha estado demasiado tiempo centrada en la persona del Generalísimo. Él y la princesa tienen planes de viajar a las capitales más importantes, entre ellas, a ser posible, Washington, para proyectar la imagen de la nueva España. Yo mencioné la importancia de que su esposa viajase con él para subrayar la imagen de familia.

6. Los planes inmediatos del Príncipe son viajar la próxima semana a La Coruña, donde Franco pasa sus vacaciones, la semana entrante, y permanecer allí hasta el 9 de agosto. Dijo que todavía no sabe qué va a hacer en La Coruña, y que todavía no le han pedido que esté presente en ningún Consejo de Ministros que se celebre allí. Duda que vaya a San Sebastián, y tiene planes de ir a navegar a Mallorca entre el 14-16 y el 24 de agosto, con pruebas antes de cada regata.

Juan Carlos dijo que ha estado en contacto con Bob Mosbacher, hermano del jefe de protocolo, que también estará en las regatas de Mallorca.

7. Juan Carlos parece impaciente por establecer contactos con Estados Unidos. Me dijo que lo llamase siempre que quisiera tratar asuntos importantes, sin pedir permiso al Ministerio de Asuntos Exteriores. Si les pregunta, simplemente le dirán que no saben, y si lo desaprueban, a mí (Juan Carlos) simplemente me dirán que la próxima vez no hable con usted de esos asuntos. A este respecto, el Príncipe me pidió que lo incluyesen en cualquier sesión informativa que dieran al Gobierno español sobre el viaje del presidente Nixon (telegrama aparte).

8. Comenté con el Príncipe mi agenda de los próximos dos meses y le mencioné que acudiría a Washington a comienzos de septiembre para las discusiones sobre política respecto a las bases estadounidenses en España. Le dije que este es un periodo especialmente delicado para el asunto de las bases y que esperaba que cualquier declaración hecha por altos cargos del Gobierno español se realizarían teniendo eso en cuenta. El Príncipe lo comprendió y se mostró completamente de acuerdo.

9. Comentario. Me impresionaron una vez más el interés y la inteligencia de Juan Carlos, así como lo sensible que es ante las limitaciones políticas de su actual situación. Es un poco ingenuo, pero creo que eso se debe a su juventud y a su falta de experiencia política práctica.

Juan Carlos puede sobrevivir o no a las tensiones de la España posfranquista, pero estoy seguro de que pretende intentar, según su entender, modernizar la política española y, a ser posible, gobernar el país.

10. Me acompañó Harry Bergold, que estuvo en la sala durante la mayor parte de la conversación.

Hill

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