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ENTREVISTA CON JESÚS CEBERIO
INFORMACIÓN PUBLICADA EN EL PAÍS
20 años que nos cambiaron a todos
JESÚS CEBERIO | EL PAÍS Semanal (05-05-1996)
Casi 7.000 números ha puesto EL PAÍS en los quioscos desde su aparición, un 4 de mayo de 1976. Desde hace ya bastantes años nos acompañan cada día más de millón y medio de lectores, que se duplican con creces los domingos. A ellos va destinado este suplemento especial en el que tratamos de contar, no sin algún vértigo, lo que han sido estos 20 años en los que desde luego cambió España, pero también este planeta llamado Tierra. No es ésta una historia del periódico, aunque su director-fundador, Juan Luis Cebrián, reflexiona, no sin nostalgia, sobre los momentos fundacionales.
"No es esto, no es esto", decía -citando a Ortega- el primer editorial, en respuesta al continuismo franquista que proponía el entonces presidente Carlos Arias. Diez anos después había una cierta melancolía en el balance: "No puede decirse quizá que seamos mucho más felices, pero es del todo seguro que somos más libres". Hoy, a los veinte años, nos queda consignar que hemos recorrido gran parte del camino que en 1976 nos separaba de los vecinos europeos. No hemos descubierto el paraíso, pero estamos donde queríamos estar. La democracia que hemos construido no es la más virtuosa, pero sólo algunos dogmáticos se empeñan en presentarla como la más viciosa.
La primera parte del suplemento pretende contar cómo ha cam-biado este país: sus costumbres, sus hábitos de compra, sus aficiones... También su lenguaje, los nuevos términos que han surgido en estos años para describir nuevos objetos. No todo ha ido a mejor, desde luego, y ahí está el gráfico del paro como referencia más inquietante o las estadísticas del delito.
Pero la transformación que reconocemos en nuestro país se inscribe en un terremoto planetario que va desde la revolución cibernética -el mundo se nos ha llenado de bits que pueblan los circuitos telefónicos- al renacimiento de los fundamentalismos, sean étnicos o religiosos. El derribo del muro de Berlín fue una metáfora que puso fin al comunismo, cambió los mapas de Europa y nos hizo soñar, después de la liquidación de la guerra fría, con un nuevo orden mundial respetuoso de los derechos humanos. Pero muy pronto tuvimos que levantar acta de viejas y nuevas guerras, como la del Golfo o la de los Balcanes. La democracia ha avanzado sin duda hacia países que nunca antes habían recurrido a las urnas, pero al mismo tiempo asistimos a la configuración de un mundo donde los conflictos armados surgen por doquier, bajo la apelación a los dioses o a las razas.
Junto a las plagas ya conocidas (la guerra, el terrorismo, la droga) hemos asistido con pánico al nacimiento de una nueva: el virus del sida, catalogado a comienzos de los 80 y convertido hoy en una grave amenaza sanitaria. La Organización Mundial de la Salud advierte del riesgo de pandemias en extensos territorios del Tercer Mundo, sobre todo de África.
Pero frente a las amenazas de ayer y de hoy están también los progresos de la ciencia en el territorio de lo infinitesimal -la microbiología, el genoma humano- o de la inmensidad del universo. Estos veinte años que han cambiado el mundo y que desde luego nos han cambiado a todos demuestran que la historia avanza dando no pocos tumbos. Pero los 20 jóvenes que nacieron con este periódico y que cierran este suplemento coinciden al menos en que aún hay lugar para la esperanza.
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