 |
 |
Encuentros y desencuentros
Mi historia con EL PAÍS es, como todos los grandes amores, una historia de encuentros y desencuentros. Desde que nos conocimos, hemos pasado por etapas de olvido y distancia, seguidas por días de arrebatadora pasión. Hemos crecido juntos (casi lo he visto nacer) y juntos hemos construido la imagen del mundo que nos rodea y también el mundo que nos gustaría tener. Él me ha presentado a sus amigos y hoy forman parte de mis escritores favoritos. Hemos quedado para ir juntos en el tranvía o en el metro, para esperar en la puerta del médico o en los aeropuertos. En estos 19 años me ha contado lo que pasaba en mi barrio y en lugares que nunca he conocido. Hemos sacado juntos el bachillerato y la carrera. Me ha demostrado su fidelidad esperando siempre en el quiosco aunque yo a veces no acudiera. Ha resultado ser tan cercano que es imposible imaginarse la vida sin él.
Después de tanto tiempo, la pasión se convierte en ternura, y al final del siglo pasado, cuando nació mi hija, se me ocurrió guardarle EL PAÍS de ese día de diciembre para que te conociera, y para que le contaras tus cosas como has hecho tantas veces conmigo. Estoy segura de que ella te va a querer tanto como yo te he querido. Sólo espero poder envejecer a tu lado.
Deni Valera. Valencia
|
Antonio Ayala
33 años Director pedagógico y educador infantil de la escuela Menuda Casa, en Madrid.
Compro casi todos los días EL PAÍS. Camino del trabajo, a eso de las ocho de la mañana, desayuno en un bar y aprovecho para leerlo. Reconozco que es el fin de semana cuando puedo bucear más en profundidad en sus páginas; los días laborables no tengo mucho tiempo. Pero el caso es que llego a la escuela con el periódico. Siempre digo que para incentivar la lectura en los niños, es muy importante la imagen social que ven. Ellos tienden a imitar a los mayores. Es fundamental que los niños, desde los dos o tres años, vean leer periódicos y libros a sus padres. Deben explicarles qué es un periódico, para qué sirve o incluso que los guarden para utilizarlos en los juegos. En mi clase aprovechamos los periódicos viejos para hacer collages. Les encanta. Como lector de EL PAÍS desde los 17 años, me parece que hace algún tiempo era más cañero que ahora. Sería bueno que estuviera más en la vanguardia de los temas sociales. Aun así, es el mejor periódico que tenemos.
|
Reunión de amigos en París
EL PAÍS es una memoria extraordinaria, un punto de reencuentro en el mundo. Expresa la vivencia del castellano y la capacidad de nuclearse en torno a una lengua. Debo decirles que aprendí el español con EL PAÍS. Ha sido mi contacto con la lengua de Cervantes, Neruda, García Márquez, Juan Rulfo, Antonio Machado, García Lorca.
Queridos amigos de EL PAÍS: hace exactamente dos años, un domingo, caminando por las calles de París, buscando escapar del frío del invierno, me dirigí al quiosco de revistas ubicado en la Porte dOrleans; allí, y gracias a EL PAÍS, encontré a dos personas, Pierrot y Nelson Guzmán. Pierrot es el encargado del quiosco, él es francés, es muy célebre por su amabilidad. Pierrot es quizá uno de los hombres más conocidos del catorce. El otro amigo con quien entré en contacto ese día es también un lector asiduo: Nelson Guzmán, filósofo latinoamericano. EL PAÍS ha servido como punto de reencuentro y de amistad entre nosotros. Cada domingo nos encontramos y discutimos sobre España, Latinoamérica. Nos gusta la variedad de información, puedo encontrar informaciones científicas, culturales y hermosas cosas de la cotidianidad.
Mathey Anich. París (Francia)
|

Juan Miguel Ramírez Grajero
20 años Postulante franciscano en el monasterio de Loreto, Espartinas (Sevilla)
En el monasterio compramos cada día EL PAÍS y Abc. Yo soy más de EL PAÍS, aunque considero que es un poco crítico con la religión. Disfruto especialmente con Maitena. Para ayudar a la gente, tienes que saber cómo va el mundo, y EL PAÍS es una buena fuente de información.
|
|
 |
 |
 |
|

Javier Picos
28 años Jefe de Prensa del Centro de Nuevos Creadores Madrid
Mantengo una doble relación con Babelia. Por mi trabajo, lo recorro en busca de algún artículo relacionado con el teatro, pero luego lo saboreo en busca de otras tendencias artísticas. ¡Y si es posible, aderezo la lectura con unas patatas fritas; funciono mejor cuando al estómago le llegan refuerzos!.
|
Los pecados de los dioses
Aunque muchas veces te había hojeado, nuestra primera vez fue una visita que hice a tu casa, en la calle de Miguel Yuste de Madrid. Yo tenía 17, iba para estudiante de Periodismo y los dioses me colocaron en el sorteo que el instituto Lope de Vega organizó con media docena de sus alumnos de COU. Allí nos organizasteis un tour rapidito que me hizo entrar en los sueños de reportera por la puerta grande.
Desde entonces, prefiero quedarme sin la paella del domingo, incluso sin el achuchón del sábado noche, antes que sin esa institución que es tu ejemplar dominical. Me pirro por el recuerdo de las crónicas desde Moscú de Pilar Bonet, que me convirtió en empedernida al alma rusa. Entre dioses juguetones y escribientes, me quedo con el crítico de cine Ángel Fernández Santos. No siempre coincido, pero me ha subido a la alfombra mágica de mucho celuloide en estado de gracia.
Sin embargo, los dioses del Olimpo que moran en ti me dejan atónita con algunas miserias. La opinión mezclada con sutileza e inteligencia sibilina en las noticias de Nacional. La tímida información de los GAL. El exceso de olor a rosa ha entumecido algunas de tus páginas. La guerra sin fronteras con otros periódicos de gran tirada. Las pequeñas salpicaduras que a veces se detectan tras las cuchilladas internas de tus dioses poderosos. Son cosas que a veces te deforman, pero que aún no han llegado a estropearte. No te llames independiente ni neutral, si no lo eres.
Tengo 30 años y escribo para otro medio, pero siempre serás mi primer amor.
Paloma San José Folgueiras. Correo electrónico
|

Gonzalo Cantarela
30 años Broker-gestor de patrimonio Rastrea pistas económicas Madrid
Me levanto a las 6.30. Hago café y repaso la prensa. Primero los diarios económicos y luego los nacionales. En la oficina sigo pendiente de la actualidad. Para mí es fundamental. Los domingos compro EL PAÍS principalmente por la calidad de su suplemento. Y también, claro, me interesan las páginas sepia.
|
En el metro de Londres
Lo compro todos los domingos en la estación de Victoria (Londres). Para adquirirlo, tengo 30 minutos de metro desde donde yo vivo, ya que un día sin duda fue una suerte. ¿Española, eh?, dijo él. Ahí conocía a una persona bastante importante.
Creo que este periódico es muy especial, sobre todo el suplemento, que es casi la razón por la que me lo compro. Me fascinan los reportajes, ¡tan interesantes! Y ¡tan bellas fotografías! (siempre suelo enviar alguna a mis amigas).
Natalia Pons. Londres

Mari Carmen Cejudo
53 años. Con sumadre, Paquita Bruno, de 86 años, y su sobrina Vanessa, de 21 Tres generaciones de lectores fieles Tenerife
Tres generaciones de fidelidad |
Ya no es lo que era
Mi historia con EL PAÍS empezó cuando llegué a España en 1977. Tenía que bajar varias veces al quiosco todos los días, porque en esa época EL PAÍS llegaba a Barcelona en avión. Pero merecía la pena: era lo más parecido a La Opinión que había por aquí. |