PREMIO 1999|
MANUEL VICENT
El mito
del regreso
Extracto
del discurso de Manuel Vicent al recibir el premio.
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Manuel Vicent, premio Alfaguara de novela 1999.
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(...)
He escrito una novela de amor, no tanto de misterio, sino
de ahogados que salen del fondo del mar y regresan a los
brazos del amante. El protagonista de esta novela se llama
Ulises, pero no tiene nada que ver con el héroe clásico.
Lo bauticé con el nombre de Ulises Adsuara al azar cuando
empecé el relato sin pensar que su profesión de catedrático
de Literatura Clásica me llevaría a las páginas de la
Odisea y también a las odas de Horacio y a la Eneida
de Virgilio. Mediada ya la trama vi que era imposible
aislarlo del mito. Espero que éste no haya devorado al
personaje.
El
protagonista de la novela es un ahogado que vuelve después
de diez años a la orilla del mismo mar que se lo tragó,
hecho que también puede suceder en cualquier esquina sobre
el asfalto de la ciudad. El mito del naufragio y del regreso
se reproduce continuamente.
Ese
compañero del colegio que perdemos al terminar los estudios
y que un día recuperamos después de muchos años convertido
en un señor desconocido, tal vez un anciano, que nos sonríe
desde otra mesa del restaurante; la pareja que se separa,
los amantes que se distancian después de una larga pasión
y vuelven a encontrarse con el tiempo en el vestíbulo
de un cine, entre las estanterías de un supermercado tirando
de un carrito con otro ser al lado, cualquiera de esos
personajes podría ser protagonista de esta novela. Hay
muchas formas de naufragar y de volver.
(...)
En Son de mar he tratado de analizar desde los
sentidos el cambio que el tiempo proyecta sobre la identidad
de las personas y la fuerza que el amor, la pasión, el
deseo tiene para reconstruir las almas muertas. La realidad
se compone de un nudo de sensaciones que se diluyen, pero
la identidad de las personas es un hecho social: somos
lo que la gente cree a través de un carné, un trabajo,
un puesto en la sociedad. Eso nos hace consistentes, palpables,
justificados. Pero en medio de la realidad caminan por
la calle multitud de náufragos buscando una orilla para
ser identificados por los amantes que esperan.
He
situado la acción de Son de mar en la costa del
Mediterráneo, en el son y en el mar de Valencia. No podría
ser de otra forma. Sólo puedo escribir de lo que sé.
(...)
Yo sólo tengo dos posesiones literarias: el Mediterráneo
de mi infancia, adolescencia y primera juventud y el asfalto
de Madrid sobre el cual he madurado. No sé escribir de
otra cosa sin que suene a falso. (...)