Aguilar

FELIPE GONZÁLEZ | JUAN LUIS CEBRIÁN
EL FUTURO NO ES LO QUE ERA una conversación

EXTRACTOS DEL EPÍLOGO
Por Felipe González

"Como un cataclismo sin precedentes en la violencia terrorista, ha caído sobre nosotros la serie de ataques suicidas contra las torres gemelas de Nueva York y el Pentágono. Nunca como ahora se justifica el título de esta reflexión conversacional que veníamos manteniendo: el futuro no es lo que era."

"No es posible que circulen, con creciente libertad, los capitales, las mercancías y los servicios, en volandas de la revolución informacional y pretendamos, al mismo tiempo, fijar a la gente en territorios destinados a la marginalidad, salvo que sean turistas, hombres de negocio u otros poseedores del bienestar."

"He dedicado un esfuerzo especial al problema de las identidades culturales, o étnico-religiosas, que tanto tienen que ver con la exacerbación de algunos nacionalismos (...) Pero las conclusiones, en este tema, del que pende la convivencia en paz, o la acumulación de nuevas tensiones arrastradas por odios y venganzas, y del que pende, asimismo, el concepto de democracia liberal que disfrutamos, son, con frecuencia, imposibles."

"¿Estaremos abocados inevitablemente a un choque de civilizaciones? A lo largo de la conversación de "El Obispo", aparece este tema con insistencia, con escasos resultados o conclusiones, en el intercambio entre gente tan próxima -aunque le cueste reconocerlo- como Juan Luis Cebrián y yo mismo. Los terribles atentados del 11 de septiembre y la oleada de indignación, de demonización del otro, del diferente, que están produciendo, parecen avalar una respuesta afirmativa."

"Nadie nos explica el nuevo código de comunicación, de guía, en este complicado tráfico de la globalización (...) Me parecía irrelevante seguir discutiendo si la globalización es o no un fenómeno de nuestro tiempo."

"Europa, especialmente, pero también Japón, tiene una deuda de gratitud con los Estados Unidos, que han mostrado su solidaridad con las democracias en las dos grandes guerras mundiales, que no provocaron ellos. Esta deuda lleva a los europeos a solidarizarse con el dolor americano y a participar en la respuesta contra los ataques. Es lógico no sólo por agradecimiento, sino porque la amenaza es común."

"Esta ha sido una conversación de pasado y de futuro, huye de la nostalgia por ello, pero también recupera las vivencias de una generación. Se trata, en ese sentido, de una conversación generacional."

"El principio de la nueva era, un principio tan espantoso como pocos acontecimientos de los que me tocó vivir, se sitúa en el 11 de septiembre. Un despertar apocalíptico que ha hecho aflorar en minutos un mundo diferente. Nada será igual en adelante, empezando por la seguridad. No es momento de hablar del escudo antimisiles, pero nadie dejará de preguntarse para qué hubiera servido en esta ocasión, de haber estado disponible."

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