DE LA MUERTE, A LA LIBERTAD
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Sara Pérez, la madre del acusado, se echó a llorar desconsoladamente con una imagen del Cristo de Medinaceli en sus manos cuando el jurado leyó el veredicto de absolución, y después sufrió un desmayo. Martínez, llorando también, se abrazó a sus abogados, y la parte derecha de la sala, donde estaban sus amigos y familiares, rompió en aplausos. Mientras los familiares de Sherrie McCoy-Ward y de Douglas Lawson, reaccionaron con pasividad y en silencio. Tras dos horas de deliberación, el 6 de junio de 2001 los doce miembros del jurado de Tampa declararon por unanimidad no culpable a Joaquín José Martínez del asesinato de Lawson y McCoy-Ward en octubre de 1995, por falta de pruebas. Previamente, habían escuchado el llamamiento del abogado defensor, Peter Raben, a "ser valientes". Y la recomendación del juez: "Si tienen dudas razonables sobre su culpabilidad, deben declararlo no culpable". Para que Joaquín José Martínez pasara del corredor de la muerte a la libertad hicieron falta dos cosas fundamentales: unos padres dispuestos a luchar hasta el final por la inocencia de su hijo, y un abogado eficaz y de minuta millonaria.
El poder del dinero
Peter Raben, el abogado que se hizo cargo de la defensa a cambio de casi 100 millones de pesetas, consiguió en primer lugar que Martínez abandonara el corredor de la muerte, y se celebrara un nuevo juicio, una nueva vista en la que demostró, día a día, que había sido condenado a pesar de la falta de pruebas y de los testimonios amañados. Raben desacreditó a la ex esposa de Joaquín José por "celosa y vengativa", consiguió que el forense reconociera que había manipulado la fecha del crimen a petición de la policía y que un detective confirmara que aún había sospechosos de aquel doble asesinato. Su victoria final fue que el fiscal decidiera no llamar a declarar a Sloane Millian, la ex esposa de Martínez y su principal acusadora. Cuando el jurado emitió su veredicto, Raben señaló que el caso había demostrado "la arbitrariedad absoluta con la que se aplica en Estados Unidos la pena de muerte". Joaquín Martínez, el padre del acusado, reflexionaba amargamente: "Y pensar que mi hijo ha pasado más de cinco años en la cárcel, tres de ellos en el corredor de la muerte, y que hemos tenidos que gastar cien millones de pesetas para probar su inocencia".
El comienzo de la pesadilla
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El largo calvario para Joaquín José Martínez comenzó en octubre de 1995. Fue entonces cuando alguien asesinó a Douglas R.Lawson, un antiguo compañero de trabajo suyo, y a la novia de éste, Sherrie Mc Coy-Ward. A él le dispararon cuatro balazos. A ella la apuñalaron con singular ensañamiento. El doble crimen conmocionó al condado de Hillsborough, entre otras cosas porque Lawson era hijo de un conocido policía local. No había claros sospechosos, ni arma homicida, ni huellas ni testigos directos. Pero la oficina del sheriff vio el cielo abierto cuando una mujer llamó para inculpar a su marido como autor de los asesinatos. Sloane Millian, inmersa en un agrio proceso de separación de Joaquín José Martínez y madre de sus dos hijos, permitió que la policía grabara un vídeo durante un encuentro con su ex marido. Un vídeo en el que supuestamente él -supuestamente, porque el sonido era prácticamente ininteligible- reconocía su culpabilidad. Después de Navidad, Joaquín Jose fue detenido por la policía como presunto autor de los asesinatos.
Un primer proceso lleno de irregularidades
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La declaración de inocencia de Joaquín José Martínez, emitida durante su primer juicio, no fue suficiente para eximirle de la máxima pena en EEUU. La prueba de vídeo a la que había recurrido la acusación fue definitoria para condenarle a la pena capital. Sin embargo, tras el juicio comenzaron a observarse una serie de irregularidades tanto en la actuación del abogado defensor como en las pruebas presentadas que ponían en duda la culpabilidad del acusado. El primer abogado defensor de Joaquín José Martínez, letrado de oficio, permitió que varios de los testigos del caso cambiaran sustancial y desfavorablemente su testimonio sobre Joaquín José Martínez sin objetar nada al respecto. Asimismo, este letrado realizó diversas declaraciones durante el juicio afirmando creer en la aplicación de la pena de muerte. Por otro lado, su ex mujer, Sloane Millian, declaró durante el juicio que su ex marido le había confesado haber "matado a un amigo", aunque posteriormente se retractara bajo la excusa de que le había inculpado por celos. El jurado necesitó menos de dos horas para declararle culpable y condenarle a la pena de muerte. Entonces empezó la lucha sin cuartel de sus padres, que recorrieron incansablemente España en busca de apoyos y de dinero para conseguir un buen abogado. El 8 de enero de 1999, Peter Raben presentó un recurso de apelación en el que solicitaba la revocación de la sentencia basándose en la manipulación de las pruebas y en que algunos testigos habían modificado sus testimonios emitidos durante el juicio. Tras tres años en el corredor de la muerte, el Tribunal Supremo de Florida concedió a Joaquín José Martínez un nuevo juicio alegando que el centenar de pruebas recogidas en el escenario del crimen no correspondían al acusado, así como la insuficiente defensa y la dudosa validez de la prueba de vídeo. En esta nueva vista, el jurado podría haberle declarado culpable, y condenarle a cadena perpetua. O podría no haber conseguido un veredicto unánime, con lo que se hubiera tenido que celebrar un nuevo juicio. Pero el veredicto sí fue unánime. Hoy, Joaquín José Martínez es un hombre libre.
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