Métodos de ejecución
Índice
Inyección letal
Electrocución
Ejecución por gas
Ahorcamiento
Pelotón de fusilamiento
 
MÉTODOS DE EJECUCIÓN DE LA PENA

De la horca a la silla eléctrica y de ahí a la inyección letal: ¿cuánto más van a disfrazarlo? Y cuanto más lo disfrazan más feo es.
Scott Blystone,
condenado a muerte
recluido en Pensilvania, 1997.

En EEUU, los reos sometidos a un juicio capital atraviesan un largo proceso desde que son detenidos hasta recibir sentencia (sea ésta la ejecución, la clemencia u otro tipo condena). Estos son, con algunas variaciones por Estado, los pasos que se siguen:

Inyección letal

La inyección letal es el método de ejecución más utilizado en los Estados Unidos en la actualidad. Consiste en atar al condenado a una camilla e introducirle varias drogas por vía intravenosa.

El preso es desnudado y atado por las muñecas, pecho y tobillos en una sala preparatoria fuera de la cámara. Se le coloca un estetoscopio y unos electrodos para controlar su corazón. A continuación, se le introducen dos vías, una en cada brazo, y se le cubre con una sábana.

Una vez llegada la hora se introducen progresivamente en el cuerpo del sujeto los siguientes elementos químicos: el sodio de Thiopental para llevarle a la inconsciencia, el bromuro de Pancuronium para detener la respiración y, en último lugar, el cloruro de potasio, que detiene el corazón.

Aunque se suele afirmar que este proceso es prácticamente indoloro, algunos casos demuestran que puede ser muy penoso para el condenado. Tal es el caso de Tommy Smith, que fue ejecutado en Indiana en 1996. El equipo encargado de hacerlo estuvo dieciséis minutos buscándole una vena en el brazo antes de llamar a un médico que trató en vano de insertarle una aguja en el cuello. Al cabo de más de media hora, le inyectaron por fin el veneno en una vena del pie. El condenado estuvo totalmente consciente durante todo el proceso.

Electrocución

Tras ser atado a la silla, al preso se le colocan electrodos de cobre húmedos en la cabeza y en las piernas.

La electrocución produce un visible efecto destructivo, dado que los órganos internos del cuerpo se queman. Habitualmente, el prisionero salta hacia delante intentando liberarse de sus ataduras cuando recibe las primeras descargas. El cuerpo cambia de color , la carne se hincha e incluso a veces llega a arder. El preso puede llegar a defecar, orinar y vomitar sangre.

La muerte se produce por parada cardiaca y respiratoria. Los testigos de estos casos suelen comentar que se desprende del ejecutado un olor a carne quemada.

Uno de los casos en los que este método ha despertado una mayor polémica fue el de Pedro Medina, ejecutado en Florida el 25 de marzo de 1997 con una silla eléctrica que estaba averiada, por lo que su cabeza ardió en llamas. Los tribunales de este Estado alegaron que las ejecuciones debían continuar pese a los repetidos fallos en su funcionamiento.

Ejecución por gas

El preso es atado en el interior de una cámara de acero herméticamente sellada. Tras la señal, se abre una válvula que libera ácido clorhídrico. Una segunda señal indica la introducción de tabletas de cianuro de potasio en el ácido, produciendo gas de hidrocianuro que impide que la sangre transporte oxígeno. El sujeto se queda inconsciente a los pocos segundos si respira profundamente. Tarda algo más si contiene la respiración. Por regla general, la muerte le sobreviene a los seis u ocho minutos. Tras confirmarse la defunción, la cámara es evacuada a través de filtros neutralizadores. Seguidamente un equipo provisto de máscaras anti-gas entra en la cámara y descontamina el cuerpo con una solución de lejía.

Ahorcamiento

El prisionero es pesado antes de la ejecución. Unas tablas elaboradas en Inglaterra durante el siglo XIX determinan la relación entre el peso y la forma de ahorcamiento, lo cual prácticamente asegura la muerte instantánea y el mínimo dolor. Si se hace correctamente, la muerte sobreviene tras la dislocación de la tercera o cuarta vértebra cervical.

Pelotón de fusilamiento

Un pelotón de cinco hombres se coloca frente al preso. Uno de ellos dispara con una bala de fogueo. Por este motivo, no se puede determinar quiénes han sido realmente los ejecutores de la pena. Así se evita el sentimiento de culpabilidad.

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