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Baltasar Garzón
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Baltasar Garzón
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JAVIER SALVATIERRA
Con el auténtico juez-estrella de España, la democracia ganó un buen portero. Baltasar Garzón Real, desde pequeño quiso ser guardameta. Pero también se emocionaba cuando veía a Spencer Tracy en El juicio de Nuremberg. Pudo más el juzgado y en 1979 se licenció en Derecho por la Universidad de Sevilla. Tras pasar por varios juzgados andaluces, fue nombrado juez central de la sala número 5 de la Audiencia Nacional en enero de 1988.
Desde entonces, en España existe la sensación de que sólo hay un juez. Parece que todo caso que merezca el salto a la prensa pasa por las manos de Garzón.
Se ha ocupado de la trama de los GAL (en ella, por ejemplo, instruyó el caso del secuestro de Segundo Marey, por el que luego dio con sus huesos en la cárcel todo un ex ministro del Interior), de una gran cantidad de sumarios relacionados con ETA, temas de narcotráfico (como el caso Nécora), el caso de los fondos de la Expo ?92, el caso Egin, el Roldán, etc, etc.
Tantos y tantos casos requieren una enorme capacidad de trabajo, cosa a la que quita importancia ?es cuestión de organizarse?, dice. También requieren una gran seriedad. Eso salta a la vista. Pero afirma tener tiempo para ir al cine, escuchar ópera y flamenco o jugar al fútbol o practicar esquí y los que le conocen dicen que es un juerguista que se arranca con poco por sevillanas; si bien eso nunca lo dejará traslucir, celoso como es de su intimidad. Lo único que le pesa de tantos quebraderos de cabeza es no poder dedicar más tiempo a los tres hijos que tiene con Rosario.
Entre tanto trabajo, el caso que ha hecho famoso a nivel internacional a este jienense de 45 años ha sido el de la detención, el 16 de octubre de 1998, de Augusto Pinochet. A partir de ese día, Garzón tuvo que enfrentarse a muchas presiones, incluidas las del Gobierno, que se vio en una situación muy comprometida, y de la fiscalía de la Audiencia Nacional, con Fungairiño a la cabeza sosteniendo que España no era competente para juzgar los crímenes cometidos en Chile.
Con la razón en el bolsillo avalada por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, Garzón impulsó un proceso que, finalmente, por una decisión casi política, no pudo llevar a término. Pero inició una nueva era en el derecho internacional que lleva a muchos ex mandatarios a quedarse en casa. Y propició, con sus actuaciones, que Pinochet fuera juzgado en Chile, algo harto improbable si el 16 de octubre de 1998, este hincha del Barcelona no hubiera cursado una orden internacional de detención.
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