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La transición

La mirada del tiempo


La tragedia vivida y el asesinato de mi Madre.

La tragedia vivida y el asesinato de mi Madre

Por ANGEL FERNÁNDEZ. En el mes de julio de 1937 , la ciudad de Barcelona fué bombardeada por mar y aire durante tres días. El 22 , 24 y 25 causando la muerte de 65 personas y haciendo 150 heridos, todos civiles, entre ellos.......... mi madre.

Una de esas noches empezaron las sirenas con sus estridentes silbidos, a dar la alerta anunciando nuevos bombardeos sobre Barcelona. Esta noche se encontraba mi padre en casa, cosa que no le ocurría desde hacia mucho tiempo. Cogió a mis dos hermanitos en brazos y junto con Juanita salieron corriendo al refugio. Mi madre y yo seguíamos detrás. Con las prisas no me había atado bien las alpargatas, a cada momento pisaba los lazos y me encontraba por el suelo. "Átate bien las alpargatas, dijo mi madre, yo sigo avanzando camino del refugio" . Aun no había terminado su frase cuando un fuerte y ensordecedor estallido nos hizo saltar en el aire y caer con violencia contra el suelo. Me levanté y fui corriendo en busca de mi madre, la hallé inmóvil por el suelo con una palidez que daba miedo. Me acerqué a ella y le pregunté porqué no se levantaba. Me miró y sin decir palabra, sus ojos húmedos recorrieron mi cuerpo como para inspeccionar y ver si no tenia nada. Vi como sus manos las tenia posadas sobre su vientre apretando con fuerza. Sus manos se teñían de rojo, era sangre. Madre, madre, chillé. Quiso hacer un gesto como para acompañar su mirada con la mano mas le fué imposible realizarlo. Con una voz muy débil y entrecortada me preguntó qué me ocurría, tenia sangre sobre mi rostro. Pasé mi mano por la cara y vi que estaba sangrando. La metralla de la bomba asesina me había herido una ceja, pero no me dolía. Me preocupaba mucho más ver mi madre inmóvil, encogida sobre si misma y sus manos y vientre cubiertos de sangre. Al ver que no llegábamos al refugio mi padre vino corriendo junto con Manolo, nuestro vecino. Se acercó a mi madre y levantando una de sus manos, recuerdo que hizo un gesto brusco hacia atrás. Se quedó pálido, petrificado. Manolo dándose cuenta de la gravedad de la herida salió corriendo a buscar ayuda. Al poco llegó con unos camilleros. Pusieron a mi madre sobre la camilla, al marchar mi madre me miró con una sonrisa divina que solo ella era capaz de expresar, grabando en mi mente ese instante que jamás he olvidado ni olvidaré.

Se la llevaron a la Clínica de Cirugía de Sta Madrona, donde murió a los pocos días de una peritonitis que la metralla le había ocasionado al atravesar la pared abdominal. Así lo comunicó por certificado la Clínica. Mucho tiempo después supe que murió después de haber sufrido horrores y de haber pronunciado en su último suspiro: "els nens, els nens" (los nenes, los nenes)

En febrero de 1939 tuvimos la visita de unos militares. Estos se entrevistaron con el responsable de la colonia. No supimos para qué habían venido aquellos militares hasta que el responsable Sr. Andrés Plaza ( ese era su nombre) nos reunió y nos dijo con voz grave y lágrimas sobre las mejillas, que teníamos que marchar de aquel lugar. Nos iríamos el día siguiente por la mañana. Unos camiones vendrían a buscarnos. Nos teníamos que vestir con ropa caliente y el mejor calzado que tuviéramos pues seguramente tendríamos que andar bastante.

La mayoría de nosotros nos pusimos la capa de lana que teníamos para salir de paseo en invierno. A mis hermanos les puse dos jerseys, unos calcetines gordos de lana, y la capa por encima.

Aquella noche casi todos fuimos a la cama vestidos. Al amanecer llegaron los camiones militares. Cuantos eran? no lo sé. Solo diré que íbamos muy apretados y al descubierto. Algunas mujeres y niños del pueblo al ver que nos íbamos nos hacían el signo del adiós con cierta tristeza. Aquellas madres comprendían cual debía ser nuestro dolor al marchar hacia lo desconocido.

En el camión, casi todos nos pusimos a llorar. Unos con fuerte sollozo y otros en el silencio. Los tres hermanos quedamos juntos en el mismo camión. No tenemos que separarnos, les dije! Otra vez dejábamos detrás recuerdos, unos amargos y otros de amistad.

Arrancaron los camiones al amanecer de un día muy frío. Siguieron la carretera sin que nosotros supiéramos a donde íbamos ni porqué nos marchábamos. A medida que avanzábamos íbamos adelantando grupos de gente que formaban largas colas por la carretera. Seguramente que algunos de ellos los habíamos visto pasar delante de la colonia unos días antes. Todos iban cargados, algunos ya muy cansados se sentaban al borde de la carretera como para recuperar del esfuerzo que llevaban realizando desde largo tiempo.

Los mirábamos desde arriba del camión y nos decíamos que a pesar de todo teníamos suerte.

La carretera, estaba cortada por varios sitios y seguramente que el puente que atraviesa el río Ter no estaba en buenas condiciones para que pasaran los camiones, pues intentaron atravesar el río, por aquellas fechas no lleva casi agua. Nos hicieron bajar de los camiones y empujando como podíamos ayudamos nuestro camión para que llegara a la otra orilla.

Los camiones, a medida que llegaban a atravesar, seguían su camino sin esperarse. Esto hizo que la colonia empezara a disgregarse.

Aquel mismo día el camión llegó a la región de Figueres, según mis investigaciones seria en el Far d’Emporda?. Difícilmente podría asegurarlo. Pero si recuerdo que al llegar a ese lugar nos dieron un poco de comida y un vaso de leche caliente. Luego nos repartieron por grupos, en diferentes lugares donde poder cobijarnos. Siempre guardé la idea de que nosotros fuimos a parar a una capilla.

Nuestro grupo se instaló acomodándose de un poco de paja esparcida por el suelo. Los tres hermanos escogimos echarnos en un rincón de la capilla, mientras un soldado nos decía de no movernos hasta que vinieran a buscarnos para seguir nuestro camino. Estando preparando el lecho, oímos unos bramidos de motores. Nos miramos unos a otros sin decir nada pero seguro que pensábamos la misma cosa. Ese ruido estrepitoso causaba en nosotros el dolor del miedo profundo. Sabíamos por experiencia que aquello anunciaba la muerte. Algunos se pusieron a llorar y a temblar. Esa situación contagiosa no duró mucho, no tuvimos tiempo para reaccionar, empezaron a caer bombas. Al primer estallido recordé mi madre; esa escena horrible y de terror que no me abandona, volvió a aparecer delante de mi. Las explosiones se acercaban. Una de las bombas cayó muy cerca de la capilla, su explosión derrumbó una de las paredes cayendo sobre los niños de ese lado. La capilla se desplomaba poco a poco enterrando en los escombros muchas de esas jóvenes vidas. Hubo lloros, gemidos, llantos........ sangre.

Unos decían que tenían daño, otros sangraban abundantemente, otros no decían nada, estaban como petrificados o sin vida con los ojos grande abiertos de cara al suelo o mirando al cielo. Cogí mis hermanos y nos fuimos corriendo fuera de aquel lugar de muerte y desolación. Unos metros más allá, nos paramos, giramos la cabeza y miramos el lugar de esa tumba que no había querido de nosotros.

No sé cuanto tiempo pasé con la vista fija sobre estos escombros, pero envejecí de muchos años.

Otros niños hicieron lo mismo que nosotros, pudieron salir corriendo pero cuantos se quedaron allí, no lo supe ni lo sé todavía. Siempre he guardado un cierto "remordimiento" que amarga mi existencia. Me pregunto si no me hubiera tenido que volver a esa tumba para llevar mi ayuda si es que hubiera sido necesaria a esos cuantos que allí quedaron. Pero también me digo: qué más podía hacer un niño de diez años que lo que hice estando muerto de miedo. No entiendo de héroes, solo conocí el miedo ante tanto dolor y horror. Esa capilla, lugar de reposo, meditación y paz, se transformó en unos instantes en el sarcófago de niños heridos y otros muertos al amanecer de la vida.

Me duele pensar, que todos esos niños fueron separados de sus padres para llevarlos a la retaguardia donde estarían en seguridad, decían. Mas encontraron la muerte atroz que el verdugo sembraba por doquier a medida que avanzaba.

Pienso con los ojos humedecidos y las manos temblorosas, en esas madres y esos padres que con llanto agobiador se separaron de los seres que más querían, sus hijos, para que estuvieran al abrigo de tanta crueldad.

Cuantos amiguitos madrileños perdí aquel día bajo los escombros o las bombas nacionales? no lo sé pero si sé que perdí muchos. No dejaré nunca de pensar que esos cadáveres de jóvenes vidas perdidas, son el cimiento sobre el que se edificó la historia de España. Esa que dicen muchos que hay que olvidar!!

Madres de Madrid que enviasteis a vuestros hijos a la colonia de la Cellera de Ter, sabed que muchos de ellos murieron bajo las bombas de la aviación alemana al servicio de Franco. Murieron sufriendo, desangrados o enterrados bajo los escombros de aquella capilla........

En el último suspiro, encontraron la fuerza de llamar.... ¡MADRE!.

Eran vuestros hijos, eran y son mis amigos.

coleccionable

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