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Entrega Premio Alfaguara

Entrega premio Alfaguara a Andrés Neuman.

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El autor

Andrés Neuman nació en 1977 en Buenos Aires. Es español y vive en Granada desde los 14 años. Es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada, donde ha sido profesor de literatura hispanoamericana. Actualmente es columnista en el suplemento cultural del diario Abc, en el diario Ideal de Granada y en Sur de Málaga. Mediante una votación convocada por el Hay Festival, fue elegido entre los más destacados jóvenes autores nacidos en Latinoamérica, siendo incluido en la selección Bogotá-39. A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999, reeditada en bolsillo en 2008), que fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las diez mejores del año por El Cultural del diario El Mundo. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa-Calpe, 2002, Finalista del Premio Primavera) y Una vez Argentina (Anagrama, 2003).

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La crítica ha escrito sobre El viajero del siglo

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La obra:

Un viajero del siglo XIX perdido en un rincón de Alemania. Un romance de encendidas pasiones, un organillero y un pueblo escurridizo. Son los materiales con que está hecha esta novela, narrada con la solidez de un herrero medieval y la precisión de un cuidadoso artesano posmoderno.

Una novela sobre uno y varios viajes, pero también sobre una educación sentimental y la Europa de la Restauración, todo visto a través de los ojos de un atento observador actual a la par que un diestro conocedor de la tradición literaria decimonónica.

Aventuras, viaje, romance, cambios sociales y novela policial, pero ante todo un afinado engranaje narrativo que ensambla con agudeza la Europa del Siglo XIX con la Europa global y multicultural de nuestros días.

Buscando una posada para pasar la noche, Hans detiene su coche de caballos en Wandernburgo, una ciudad entre Sajonia y Prusia. Inexplicablemente, los días van pasando y el viajero no consigue marcharse de esa extraña ciudad, que parece retenerlo con toda clase de acontecimientos inesperados. En la Plaza del Mercado se fija en un anciano que toca el organillo. Emocionado por la música, se acerca a dejarle una propina y a conversar con él. Pronto entablan amistad y la estancia de Hans se alarga indefinidamente. Al oscurecer vuelve a la posada, donde conoce a la familia del señor Zeit: la señora Zeit y sus hijos Thomas -el pequeño- y Lisa, que ronda la adolescencia.

A través de su relación con el organillero, que habita una cueva junto a su perro Franz, conocerá a los amigos de éste: Reichardt, un viejo jornalero eventual, y Lamberg, obrero en una fábrica textil.

En un bar se le acerca el edil del ayuntamiento, quien además de indagar acerca de él, debido a su condición de forastero -aunque Hans ya comenzaba a ser habitual entre los lugareños-, lo invita a una recepción donde asistirán familias importantes y personalidades del ámbito local. Ahí le presentarán al alcalde Ratztrinker y al señor Gottileb, quien a su vez lo invita a tomar el té en su casa, la que Hans comenzará a frecuentar cada vez más seguido para participar de apasionados debates sobre política, filosofía, arte y viajes con otros contertulios, pero más que nada para estar cerca de Sophie, la vivaz hija de Gottileb, de la cual acaba enamorándose perdidamente. El problema es que ella está comprometida con Rudi Wilderhause, miembro de una de las familias más notables y adineradas de Wandernburgo.

No obstante, ambos comenzarán dedicándose miradas furtivas y cortejos, hasta acabar sosteniendo un apasionado romance que deciden mantener en la clandestinidad, amenazado además por la misteriosa presencia de un asesino enmascarado que tiene aterrorizada a la población.

El viajero del siglo propone volver a mirar el siglo XIX con la perspectiva del XXI. Es un diálogo entre la Europa de la Restauración y los planteamientos de la Unión Europea, entre la educación sentimental actual y sus orígenes, entre la novela psicológica clásica y la narrativa moderna. Un puente entre el pasado y los problemas de nuestro presente global: la emigración, el multiculturalismo, las diferencias lingüísticas, la emancipación femenina y la transformación de los roles de género. Se trata, en resumen, de un gran mosaico cultural puesto al servicio de un intenso argumento, no exento de intrigas y humor. El viajero del siglo narra, por encima de todo, una profunda historia sobre las transformaciones del amor.