Lo que le motivó a emprender este reto, que por su extrema violencia visual se aleja de su obra más conocida, fue la "hipocresía desmesurada" que suponía para un país que "se presenta como modelo de defensa de los Derechos Humanos".Los cuadros recrean con sus habituales "gorduras" plásticas muchas de las imágenes emitidas y publicadas mundialmente de las torturas y abusos sexuales a los presos, y retrotraen a los goyescos "Desastres de la guerra" aunque el protagonismo de las víctimas ahoga a unos verdugos que el espectador solamente intuye.Botero reconoce que acabar estas obras le liberó del "envenenamiento" que le produjo esa tragedia y un día, mientras descansaba en la costa mexicana del Pacífico, vio llegar a una humilde compañía circense. Fue la "inyección de vida" que necesitaba su "exhausto" estado anímico.- EFE - 20-05-2008
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