Por eso, el suyo el amor entre Orlando Rodríguez y aquella pequeña artista fue a primera vista, intenso, apasionado, irracional. Cuando Antonio Orlando Rodríguez recibió de una amiga las primeras imágenes de Chiquita, aquella artista cubana liliputiense que triunfó en el mundo del espectáculo, abandonó el libro que tenía entre manos y se entregó por completo a aquella mujer.