12 de Octubre de 2009
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ALBERT FONT | 06-11-2009
Pilar Garrigosa y Norman Cinnamond, diseñadora de joyas y arquitecto. "Hay que saber mezclar ingredientes que, aunque sean muy dispares, acaben funcionando", asegura el arquitecto Norman Cinnamond. "Hay mezclas que no funcionan. Otras sí", precisa. Casado en 2001, y por tercera vez, con la gemóloga y diseñadora de joyas Pilar Garrigosa en su islote de S’Espalmador (Formentera), esta pareja de contrarios hacen muy buenas migas. Él, racional y lógico en su trabajo (ahí está el edificio judicial de Manresa de este año). Ella, inspiradora y creativa, con esas piedras extrañas que envuelve en contundentes marcos de oro. "Ni rubíes, ni diamantes; me gustan las piedras raras", confiesa Garrigosa. En la cocina, la cosa cambia: mientras él inventa 'risottos' con pan de oro, ella colecciona, y sigue al pie de la letra, las recetas de diarios y amistades, si son curiosas. "Me gusta que sean fáciles, pero especiales". A punto de ofrecernos una sepia a la ginebra, se decanta por unos calamares con sobrasada. El aroma impregna los 30 metros de la cocina-comedor en Girona, pero la zona para cocinar se reduce a una U al fondo. "Es esencial tener espacio para la gente", aclara. Y siempre es mucha. Entre hijos y nietos suman 12 personas cada domingo. ¿Y basta este espacio para cocinar? "El cocinero cocina solo", responde Norman. "Cuando te gusta cocinar, te molesta que te ayuden porque entorpece tu proceso mental y… físico". Hoy el cocinero es Pilar. Norman, fiel a sí mismo, solo le ha pelado las cebollas ("lo más difícil"). Normalmente aquí cocina Norman. "Es mi cocina. La de Pilar está en Barcelona", explica. "Cuando te casas a una cierta edad, tienes clarísimo que cada uno tiene su cuenta corriente, sus casas, sus cosas… y su cocina". Solo se comparten risas y personas.
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