Los contenedores quemados, las vallas apiladas, los cajeros automáticos apedreados y los adoquines arrancados literalmente de la calzada han ido dejando paso a grandes tablas que cubren las ventanas de las sedes bancarias, recuerdos del humo tatuados en la carrocería de algún automóvil y planchas sobre los agujeros en varias de la calles que acceden a la plaza de Tirso de Molina, epicentro de los altercados.
Dos bomberos se felicitan momentos después de apagar el fuego de varias barricadas en la calle de Duque de Alba, a unos metros de la plaza de Tirso de Molina. Aquí ardieron dos contenedores y los bajos de un automóvil