21 de Diciembre de 2009
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24-06-2009
En los años setenta, gracias a los primeros detectores espaciales de rayos X, los astrónomos empezaron a poder analizar rayos X emitidos por fuentes celestes (y que no llegan a la superficie terrestre porque la atmósfera hace de escudo). Así empezaron a obtener datos sobre objetos como los púlsares, que son cadáveres de estrellas de mucha masa (estrellas de neutrones) que rotan rápidamente. El satélite EXOSAT, de la ESA, lanzado en 1983, detectó este púlsar que gira cada 33 milisegundos, emitiendo rayos X (en la izda., el rayo apunta hacia la Tierra). Está en la llamada nebulosa del Cangrejo, y es lo que queda de una estrella muerta en una explosión de supernova en 1054.
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