Otto Preminger. 1944. La pantalla está oscura, como la memoria antes de ser alcanzada por el recuerdo. Hay una voz que nos habla de un verano lejano, del aire ardiente y pesado de ese verano. "Nunca olvidaré aquel fin de semana en que murió Laura". Con esas palabras subyugantes y morbosas del malvado Waldo Lydecker, se abre el cerrojo del pasado y aparece el retrato de una mujer. Laura vuelve del reino de los muertos en el cuerpo, en la voz y en la mirada de Gene Tierney. Es el fantasma de esa mujer el que está detrás de toda la trama negra y psicoanalítica de este filme. Por eso Otto Preminger se apoya sobre todo en la cámara para viajar a la negrura del subconsciente. Son los ojos los que delatan a los personajes en sus intenciones, tres hombres rondando el fantasma de una mujer. La historia más vieja del mundo.- EL PAÍS - 01-05-2008
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