21 de Diciembre de 2009
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EL PAÍS | 01-05-2008
Billy Wilder, 1944. Todo un clásico del cine negro, no sólo por el trabajo de dos de los mejores escritores del género, James M. Cain, autor de la novela en que se inspira la película y Raymond Chandler que firma el guión junto con Billy Wilder, sino por la presencia de Barbara Stanwyck que, sin renunciar al arquetipo de rubia fatal, enfundada en una explosiva peluca, introduce la inteligencia calculadora como elemento de perversión más peligroso que el cuerpo. La escena en que la protagonista encandila al agente de seguros, prototipo del americano corriente, encarnado por Fred MacMurray representa el cenit de su magnetismo. Es otra forma, quizá más radical y nihilista, que tiene Billy Wilder de condenar el sueño americano, ya sentenciado en algunas de sus comedias, también en clave negra.
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