A escasos metros de la salida, aparece una imagen nevada de un campo de concentración que hiela con sus explicaciones la respiración de los visitantes. Se trata de diecisiete retratos en primer plano de deportistas judíos y gitanos que participaron en los Juegos Olímpicos de 1936, y que también fueron víctimas del racismo de Hitler durante la II Guerra Mundial. A la salida del 'zulo' que alberga la exposición, una gran oleada de luz natural convierte las titánicas paredes enladrilladas del museo en un espejismo de las masivas fábricas alemanas utilizadas como unidades de producción nazi. Un escenario apropiado para guardar las reflexiones de los visitantes, como antes hizo con las de los millones de judíos exterminados en el Holocausto. En la imagen, cartel de los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936.- EFE - 25-04-2008
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