Una exposición de dibujos en el Museo de Arquitectura de Berlín muestra cómo uno de los ayudantes de Albert Speer ridiculizó los planes megalómanos de su maestro para convertir Berlín en una descomunal capital imperial.
Berlín iba a ser la capital más majestuosa jamás vista. Impresionaría con sus gigantescos edificios y avenidas. La cúpula del Parlamento (Reichstag) empequeñecería la del Vaticano. Ese era el plan megalómano que, diseñó Albert Speer, el arquitecto áulico del Tercer Reich, entre 1937 y 1942. Uno de sus ayudantes, sin embargo, miraba todo aquello con cierto escepticismo. En la imagen, una caricatura de Albert Speer realizada por Stephan.