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10 de Febrero de 2010
AP/ DPNY | 10-02-2010
El atentado supuso un duro golpe para la población estadounidense en general y la de Nueva York en particular. Los neoyorquinos respondieron con grandes colas ante los hospitales que demandaban donaciones urgentes de sangre. Los miembros de la policía y del cuerpo de bomberos, que perdieron a muchos compañeros en los rescates posteriores, fueron, y siguen siendo, considerados unos héroes.
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