15 de Diciembre de 2009
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11-09-2008
Un ser despreciable, cruel y traicionero. Bajo su inocente apariencia, amargó la vida y terminó con las esperanzas de poseer un apartamento en Torrevieja (Alicante) de muchos espectadores que empezaban a descubrir la crueldad de los concursos televisivos. Como las enfermedades venéreas, salía donde menos te lo esperabas. Así, mientras los Supertacañones y demás malvados de opereta ejercían de maniobra de despiste en 1, 2, 3… responda otra vez, el gran invento televisivo patrio —vendido a infinidad de países—, ella esperaba agazapada para acabar con la posibilidad del español medio de tapar agujeros. Por su culpa, incluso el inofensivo Naranjito tuvo que luchar contra los tópicos, debido a la mala imagen que había creado Ruperta de todo lo que fuera redondo y anaranjado. La frase “dar calabazas”, llevada hasta las últimas consecuencias.
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