Hace 15 años, Andrés Rabadán mató a su padre disparándole con una ballesta. Fue condenado a 20 años de internamiento en módulos psiquiátricos penitenciarios. Desde entonces, se ha casado, escrito dos novelas y expuesto tres veces sus inquietantes dibujos. En todo este tiempo no ha pisado la calle ni una sola vez. Ni el fiscal ni el juez se deciden a ponerle en libertad.